Jorge Barraza: Santos devolvió la Libertadores a los años 60 y 70

30 de Agosto, 2018 - 00h22
30 Ago 2018
30 de Agosto, 2018
30 Ago 2018

La Libertadores parece un espejo social del continente; queremos maquillarla con el glamur de las copas europeas, se aumentan los premios, se remodelan estadios, se toman medidas para embellecerla y la TV la vende como un producto premium, sin embargo, a los pocos pasos se enreda, tropieza y cae en algunos mamarrachos que avergüenzan. Y muestra muchas de las carencias que sufrimos cotidianamente en Sudamérica: falta de seriedad, sobre todo. Entonces aparecen las palabras bochorno, improvisación, violencia…

El tema de las malas inclusiones de los jugadores Carlos Sánchez (Santos) y Bruno Zuculini (River) desató una tormenta inesperada. Y el vendaval se abatió sobre el partido Santos 0, Independiente 0, suspendido por incidentes a los 80 minutos, cuando los torcedores santistas comenzaron a lanzar bombas de estruendo y a intentar derribar el alambrado del Pacaembú para invadir el campo de juego. Se vieron entonces escenas lamentables, cientos de exaltados luchando contra el accionar policial. Agresividad y bastonazos. Fea imagen, pobre, subdesarrollada. Todo empezó cuando, tras el primer empate de Independiente y Santos, 0-0 en Avellaneda, circuló la noticia de que el volante uruguayo Carlos Sánchez jugó en Santos pese a deber una fecha de suspensión por una tarjeta roja recibida en la Copa Sudamericana 2015.

Entonces lo habían suspendido por tres fechas, que nunca cumplió pues fue transferido al Monterrey, de México. Luego hubo una insólita amnistía con motivo del centenario de la Conmebol que redujo las sanciones a la mitad. Como no podía ser una fecha y media, se le bajó a una. Ahora llegó a Santos y debía cumplir esa fecha en el primer torneo de Conmebol que disputara. Era esta Copa. Santos, sin ninguna mala fe, aunque cometiendo un error, lo incluyó. De inmediato, la Confederación le abrió un expediente y, por separado, Independiente hizo el reclamo de puntos dentro de las 24 horas que establece el reglamento y era obvio que le darían el partido ganado porque se trataba de una situación clara. Santos argumentó que se basó en el sistema Comet que lleva Conmebol para constatar si hay jugadores imposibilitados y que allí no figuraba Sánchez como sancionado (Independiente también consultó el sistema y argumentó como prueba que allí sí figuraba suspendido).

Pero el Comet no está en el reglamento, no es vinculante. Santos debió consultar archivos, al mismo jugador o por nota oficial a la Conmebol. No lo hizo y quedó desprotegido. Era un caso indiscutible de inclusión indebida y se le dio por perdido el partido 3-0 como indica el reglamento.

Al día siguiente de la protesta de los Rojos se supo que Zuculini había disputado en River nada menos que 7 partidos (incluidos la ida y la vuelta con Emelec) debiendo dos de suspensión del año 2013. Ninguno de sus rivales se percató a tiempo y no pudieron reclamar dado que se pasaron las 24 horas. Y, lo más importante, River sí solicitó por nota formal a Conmebol que le informara sobre el estado legal de sus jugadores, sobre todo de sus cuatro refuerzos: Armani, Pratto, Quintero y Zuculini. Conmebol, también por escrito, le respondió que el único que tenía un juego pendiente era Ignacio Fernández. De manera que, si hay un error, se transfiere a la propia Conmebol. Por eso River no fue sancionado.

Entonces se denunció una doble vara para medir, pero no hay tal cosa. Y lo de Zuculini saltó porque, al revisar lo de Sánchez, se constató que aquel también estaba impedido. Santos no puede escandalizarse por la derrota en el tribunal, cometió un error serio y debe pagarlo. Si Conmebol pasara por alto tal transgresión desaparecería el sistema de sanciones. Es decir: me expulsan al goleador, lo suspenden por tres fechas pero igual lo pongo en el partido siguiente porque total no me pasa nada. Ya sabemos que los puntos se ganan en la cancha, si todos jugamos en iguales condiciones reglamentarias. Con mucho pesar, Independiente no incluyó esa noche a sus dos zagueros titulares (uno de ellos, Alan Franco, figura importante y jugador de selección), pues estaban suspendidos.

Y no alineó a Carlos Benavídez, por quien pagó varios millones, porque ya había disputado esta Copa con Defensor Sporting. Santos debió hacer lo mismo. ¿Y si ganaba Santos con un gol de Sánchez, que estaba inhabilitado...? El vicepresidente rojo, Carlos Montaña, declaró: “Si Independiente hubiese sido el que incluía mal a un jugador, seguramente el rival también protestaría y es lo correcto”.

Ahora bien, se repartieron responsabilidades a la Conmebol y al Santos, que obviamente se equivocaron, ¿y los jugadores…? ¿Son mudos...? ¿No saben que fueron suspendidos por 3 o 4 fechas y nunca las cumplieron...? ¿Por qué no hablan antes de jugar...? ¿Cómo no van a recordar que los echaron y les dieron tres fechas...? Es muy cómodo culpar siempre a otros. Ellos también tienen su cuota de negligencia. Luego se dan estos escándalos. Santos fichó a Sánchez como refuerzo a partir de esta instancia de octavos de final, tal vez él prefirió callar lo de la sanción hasta firmar el contrato. Después debió hablar.

¿Qué sucedió en la vuelta…? Santos armó una guerra; los jugadores en el campo, con una agresividad desusada; los hinchas en las tribunas. La tensión se palpaba en el aire. Parecía la Copa de los años 60 y 70. Pero Santos no queda afuera por la sanción sino porque es una formación limitadísima, sin ideas. En Avellaneda no remató ni una vez al arco, adoptó una postura ultradefensiva y resistió como pudo. En Sao Paulo fue un equipo rabioso, que quería resolver pegando y protestando, pero se encontró con un rival firme, bien plantado y con mejores respuestas futbolísticas que mereció ganarle. Falló un penal Meza, un tiro de Pablo Hernández pegó en el travesaño y otras acciones de peligro se evaporaron frente a Vanderlei. Fue superior Independiente en ambas ocasiones y estaba dominando ostensiblemente cuando se produjo la suspensión.

La dirigencia de Santos pretendió achacar la eliminación a la Conmebol, pero a la mañana siguiente despidió a Felipe Nóbrega, su empleado responsable del registro de jugadores, por no percatarse de que Sánchez estaba suspendido. Y, tras el partido, el técnico Cuca, reflexivo y ubicado, puso blanco sobre negro: “Puede que me echen mañana, pero Santos tiene que mejorar mucho profesionalmente, internamente. Esto que ocurrió con Sánchez es un error muy grande, muy grave”.

El Santos de Pelé y el Barcelona de Messi son, sin duda, los dos mejores equipos de todos los tiempos. Por estrellas, armonía, contundencia y fantasía. Y por el tiempo que extendieron su arte: duraron años. Por eso generan tanta admiración y simpatía. El martes, Santos ofendió a su historia. Y retrotrajo la Copa a un pasado turbulento. (O)

La Copa muestra muchas de las carencias que sufrimos cotidianamente en Sudamérica: falta de seriedad, sobre todo. Y aparecen las palabras bochorno, improvisación, violencia…

Jorge Barraza: Santos devolvió la Libertadores a los años 60 y 70
Columnistas
2018-08-30T00:22:17-05:00
Todo empezó cuando, tras el primer empate a 0 Independiente y Santos, en Avellaneda, circuló la noticia de que el uruguayo Carlos Sánchez jugó en Santos pese a deber una fecha de suspensión por una tarjeta roja recibida en la Sudamericana 2015.
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