Una marca en Miraflores

Rosa, viuda de Gusqui, en la papelería. En la gráfica se ven los dulces (manjar) que ofrecen. Guadalupe Bone, estilista, habla acerca de Gusqui, su suegro. El peluquero en su oficio.
Rosa, viuda de Gusqui, en la papelería. En la gráfica se ven los dulces (manjar) que ofrecen.
Rosa, viuda de Gusqui, en la papelería. En la gráfica se ven los dulces (manjar) que ofrecen.
Guadalupe Bone, estilista, habla acerca de Gusqui, su suegro.
Guadalupe Bone, estilista, habla acerca de Gusqui, su suegro.
El peluquero en su oficio.
El peluquero en su oficio.
19 de Enero, 2012
19 Ene 2012
Son dos locales llamados Miraflores: una barbería peluquería y una papelería. Una marca del barrio del mismo nombre fundado en la década de los sesenta.

La familia Gusqui Culchán, de origen riobambeño y quiteño, fue la encargada de inaugurar estos dos establecimientos, de los más antiguos del barrio guayaquileño. Aunque se han cambiado de local cuatro veces, por cosas del precio del arriendo y la comodidad, si se pregunta por ellos, todos los residentes de Miraflores saben hacia dónde enviar a los nuevos clientes.

La historia de los dos locales comenzó en el centro de Guayaquil, por la Comisión de Tránsito del Ecuador. Manuel Gusqui era panadero, de los que repartía su producto en bicicleta. Así conoció a los 18 años, a Rosa, de 17. Se la llevó (manera común de comprometerse en antaño) y se casaron.

Comenzó a trabajar como barbero con el maestro Víctor Plai en el norte de Guayaquil, y como en Miraflores había muy pocos negocios, ninguna barbería y tampoco papelerías, decidieron abrir los dos locales, hace 42 años.

En la papelería también venden, hasta hoy artículos de bazar y algunos refrigerios. El primer local quedaba a pocos metros de la iglesia, en la avenida Primera. Ellos vivían en el piso de arriba.

“Era supertranquilo, no había mucha gente, y teníamos clientes que iban desde chiquititos hasta cuando ya eran papás”, dice Rosa mientras muestra una foto de su esposo, que falleció en el 2009, luego de una operación para extirpar un tumor. En la imagen, se ve a Gusqui, como le decían, cortando el pelo de un niño de unos seis años, uno de sus primeros trabajos. “Ese niño quería esta foto, se puso muy triste cuando se enteró de la muerte de mi esposo”, añade.

Recuerda con cariño a las familias que vivían allí: “los Álava, los Armijos y los Vallarino, no recuerdo los demás apellidos”, dice la señora, que sufre algunos problemas de salud y no siempre puede estar en los negocios.

Luego de la muerte de Gusqui, su hija menor Cecilia. de 32 años, pagó una deuda de alquiler y mudó la papelería a la avenida principal y Primera. Ella se hizo cargo del local junto a su esposo, se mudó a vivir allí y la esposa de su hermano Wilson, estilista, de la barbería. Dice que así continuará la tradición de los locales Miraflores de su papá y que el principal motivo es que él siempre fue un trabajador incansable, nunca tomó vacaciones, por eso debe perpetuarse.

Gusqui abría su barbería y la papelería todos los días, antes de las siete de la mañana, cuando vivía en Miraflores y cuando no, también. Para él Miraflores era su vida, cuenta su esposa, laboraba incluso los domingos hasta las 24:00. A sus cinco hijos no les enseñó a pasear ni tener vacaciones, sino a estudiar y ganarse las cosas trabajando. Rosa cuenta que en una ocasión un hijo se lo llevó a pasear a Quevedo y de la terminal de buses Luis se regresó al trabajo.

En los locales escuchaba música de su tierra, instrumental andina.

Por su enfermedad perdió la memoria. Una vez, al regresar de la iglesia a la papelería se perdió en el camino. Luego de ello ya no fue el mismo. De su muerte no se enteraron muchos clientes, que luego iban a preguntar por él. “La gente le tenía cariño, le decían muchos apodos: el paisano, el abuelito, eran algunos”, cuenta Cecilia.

Entre sus clientes estaban Elsa Bucaram, Gustavo Pacheco y Elsa Viteri, exministra de Finanzas. También los visitan, además de los vecinos, gente de Los Ceibos y Samborondón, que van a comprar, saludar o comerse un dulce cuadrado de manjar, de esos que ya no venden en casi ningún rincón de la ciudad.

“Los dulces se venden mucho, los trae un señor de Manabí que vive en el centro, antes vendíamos los de ajonjolí, pero el fabricante se murió”, añade.

Manuel era muy religioso. Aunque el barrio se ha vuelto peligroso, no tienen problemas de delincuencia, “quizás porque mi papá me dijo que tenga una Biblia a la entrada, y eso me da suerte”, dice Cecilia, quien atiende la papelería junto a su madre para que los vecinos la reconozcan como la hija de Gusqui.

Dicen de él
“Era muy bueno y muy trabajador. Siempre me decía que debía esforzarme mucho y que los clientes tenían la razón en todo. Ahora su familia cuida de sus negocios”.
Guadalupe Bone
Estilista, habla acerca de Gusqui, su suegro.

Una marca en Miraflores
Gran Guayaquil
2014-08-17T09:55:42-05:00
Dos de los locales comerciales más antiguos de Miraflores fueron fundados por Luis Gusqui, quien murió en el 2009. Hoy su esposa, su hija menor y una de sus nueras se hicieron cargo de los negocios para seguir la tradición de la familia
El Universo