Pedro X.Valverde Rivera
A casi cuarenta y cinco días del 30 de septiembre, la situación política en el Ecuador no es estable en lo absoluto.

Bueno, para ser coherentes, tampoco lo era antes del 30 de septiembre.

Lo que sucede es que alcanzó su clímax como consecuencia de una suma de factores:

- La droga del poder que hace perder la perspectiva de la realidad a quienes alucinan bajo sus efectos;

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- La inexperiencia de algunos sociólogos teóricos, ex comunistas que han debutado con esta revolución y que no tienen la menor idea de cómo manejar responsablemente una crisis de Estado;

- La vergonzosa ausencia de una oposición política altiva, profunda y respetada por la sociedad, que constituya un desfogue al reclamo de los perjudicados y arrollados por el poder absoluto;

- La lamentable injerencia de ex golpistas convertidos en gobernantes caídos, en filas militares y policiales;

- Y, finalmente, la mediocre y egoísta postura de los grupos de poder económico del país, que lejos de hacer país pretenden “hacerse del país” y aprovechar las oportunidades que la revolución le ofrece a los que cierran la boca y extienden las manos.

Son muchos más, pero he considerado a estos como los que merecen mayor relevancia.

En ese orden de ideas, si estas son las situaciones que causaron la explosión social del 30 de septiembre, le pregunto a usted, amigo lector: ¿Cree que alguna de estas ha desaparecido en el Ecuador?

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Revisemos una por una:

- La droga del poder no deja de causar estragos en los alucinados; prueba de la miopía con la que se ha apreciado este lamentable suceso, que en otros pantalones hubiere sido motivo de reflexión y urgentes rectificaciones, es la suerte de cacería de brujas que se ha desatado en el país, con procesos judiciales rapidísimos, órdenes de prisión por doquier; es decir, lejos de buscar las causas del estallido social del 30 de septiembre, ahora pretenden asustar a los revoltosos y callar la inconformidad a punta de temor.

- Los inexpertos siguen como Johnny Walker, tan campantes, viajando por el mundo con dineros del erario público, aferrados a la teta de la vaca y tan lambones como siempre con el principio y fin de esta revolución.

- La oposición… ¿cual oposición? Callada, escondida, asustada, escondiendo el rabo de paja, salvo honrosas excepciones que confirman la regla.

- Los ñaños, seguramente preparando algún nuevo jingle televisivo de Navidad;

- ¿Y los poderosos de las chequeras y los cheques?, en cocteles con el Gobierno, perdiendo el tiempo dizque consensuando con el oficialismo sobre el Código de la Producción, buscando acercamientos con los cortesanos de palacio, viendo cómo amarran la balsa para nuevos negocios. ¿Qué importa si hay seguridad jurídica o no?

- ¿Qué importa si la gente muere en las calles a manos de la delincuencia? ¿Qué importa si la prensa es silenciada o no? Al fin y al cabo, si el Ecuador se va al diablo y colapsa, tomarán sus jets privados, alquilados o algún vuelo en clase ejecutiva rumbo a Estados Unidos o Europa, a disfrutar del buen teatro y la buena comida, al fin y al cabo, para eso se “juntaron con la chusma” tantas veces (parafraseando a Kiko).

Hasta aquí la triste radiografía de nuestra querida “Banana Republic”.

Es solo cuestión de esperar hasta que alguien la haga nuevamente explotar.