El concierto celebrado recientemente en el experimental del Teatro Centro de Arte, en conmemoración de los 30 años de la carrera de Willy Wong, resultó una fiesta musical sin parangón.

Repleto de excelentes músicos, todos amigos entre sí y derrochando una contagiosa alegría de tocar, más para ellos mismos que para el público acabaron aplaudiendo de pie la excelencia y “buena onda”.

Esta velada con espíritu hippie de los sesenta determina un nuevo estandar, muy alto, para estos tributos que organiza Marcelita del Río con mucho brío de juventud.

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A mediados del siglo pasado Gene Krupa, baterista de jazz alcanzó un nivel de estrellato, como también Ginger Baker a fines de los sesenta tocando con Clapton en Cream, y últimamente Álex González, alias el Animal, baterista de Maná llega a niveles protagónicos importantes.

En el Ecuador, Willy Wong, es el único baterista en ese nivel. Hace rato que trasciende el instrumento. No es solamente un gran baterista, es también un gran músico que entiende la totalidad de la oferta sonora y se encarga que todo suene perfectamente respaldado.

Y así tomo el escenario Abraxas, primera incursión de Willy en una banda de Heavy Metal a comienzos de los ochenta para interpretar a Black Sabbath, banda legendaria y precursora del metal satánico.

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Vimos a Ángelo Baquerizo con un dominio del escenario notable, sin necesidad de mucho aspaviento y cantando con autoridad. Born to be Wild, de Steppenwolf y Cat Track Fever, de Ted Nugent, mientras Javier Guerra se distinguía soleando con su bajo de Maple “inextensum”.

Luego se presentó el grupo Taller, banda que integró Willy de 1986 a 1989 con Xavier von Buchwald, profesional total y dueño de una digitación envidiable en guitarra y las vocales de Miguel Valdiviezo que mejoró en Noches de Alcohol, pero que debe siempre cuidar su entonación al máximo.

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Este rock cantado en español estuvo influenciado por bandas como Vilma Palma y Vampiros y Soda Stereo que también influenciaron a Clip, importante en Ecuador.

Debo señalar que en todo momento y con la imperturbable serenidad que lo caracteriza, Lalo Wong nunca dejó de tocar guitarra o bajo y cuando cantó dejó claramente establecido que canta mejor que muchos “cantantes”.

Y así llegamos a la Banda Anónima, extrañando la belleza y la voz de Susy Nickel, pero felices de escuchar a Guillermo Mosquera, uno de los talentos realmente importantes del país, un cantautor recreando su rockera juventud y charrasqueando su guitarra eléctrica. Mosquera canta con personalidad.

Finalmente y como plato fuerte salieron Willy Wong and the Brothers, última etapa de Willy. Y llegó Napo para hacer Goin Home, de Alvin Lee, y el grupo Ten Years After en alarde jalisco de semejante dificultad sin calentar.

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Pataleando al comienzo, pronto se cuadró para junto a su brother Willy Wong ofrecer una magistral interpretación sin duda entre lo mejor de una noche repleta de aciertos como las de Tomás Hernández y Lalo Wong en guitarra,

Lalo cantando Solo entre tu y yo un tema lindísimo y lírico compuesto por Willy Wong y la fulgurante intervención de otro músico legendario, Rafael Peralta en guitarra.

Como si fuera un guión de cine se sumaron músicos al escenario. Un Omar Naranjo totalmente relajado hizo Led Zepellin en registros muy altos, ensayando gritos y quizá la mejor versión de Satisfaction que se haya escuchado últimamente. Inolvidable en verdad.