Los cambios en la dirección del diario público El Telégrafo se dieron para “cuidar la plata del Estado”. Lo reiteró una y otra vez Nancy Bravo, quien es parte del nuevo directorio de dicho medio de comunicación.

Ella y el director encargado del diario, Máximo García, participaron la noche del jueves pasado en el programa ‘Palabra suelta’ que transmite el también estatal EcuadorTV y es conducido por Xavier Lasso, quien volvió a ser articulista de El Telégrafo, pese a que renunció junto a una veintena de columnistas.

Bravo criticó que el 95% del tiraje de 40 mil ejemplares se regalara. De ello responsabilizó al anterior director, Rubén Montoya, y que no entregó el informe de gestión solicitado. Dijo que la Gerencia de Ventas no cobraba las facturas y que se regalaba hasta la publicidad.

“Con tanta irregularidad que se cometió se dañó la marca El Telégrafo... se decía: el periódico que se regala y que nadie lee”. Bravo agregó que la salida de Montoya fue justa.

La miembro del directorio también mencionó que se desperdiciaron recursos haciendo un proyecto que la mayoría no entendía. Sobre el nivel de intelectualidad se dijo que estaba bien en el área de opinión pero que esas páginas no son el todo del periódico. Y que “esas cosas son antipáticas”.

Los cuestionamientos dados por García se dirigieron en la parte de contenidos: Se había convertido en un diario temático, se podían encontrar temas repetidos y hasta con títulos iguales. También dijo que había ocho tipos de portada y que era una camisa de fuerza. “He venido a identificar esos problemas y mejorar”. Aunque se refirió en buenos términos de Montoya.

Bravo habló que había una monotonía, todas las páginas tenían el mismo diseño. Y que “no había creatividad”.

García pidió tiempo para demostrar los cambios que se harán. “Usted se imagina a un Jaime Nebot escribiendo en El Telégrafo”, a un Jimmy Jairala, a los alcaldes hablando de su gestión, “en esas cosas estoy pensando”.

Argumentos
El director (e) de El Telégrafo, Máximo García, defendió el pedido del directorio a sus articulistas de no opinar sobre lo que sucede dentro de ese medio, como una medida de confiabilidad empresarial. Recordó el dicho de que ‘la ropa sucia se lava en casa’, argumentando que el hecho de que el diario sea público “no nos da patente para hacer lo que nos da la gana”.