Caras de una misma moneda

10 de Junio, 2009
10 Jun 2009
10 de Junio, 2009 - 00h00
10 Jun 2009

Ciertos acontecimientos dejan lecciones que perduran y que es grato recordarlas. León Febres-Cordero Ribadeneyra (LFCR) no es santo de la devoción de algunos ecuatorianos. Lo sé. Referirse a él es exponerse a juicios viscerales; sin embargo, es preciso hacerlo, mañana puede ser demasiado tarde. Es saludable que las páginas de EL UNIVERSO acojan opiniones contrarias y contradictorias. La libertad de expresión no es una dádiva, es un derecho.

En agosto de 1992 LFCR inicia sus funciones frente a la Alcaldía de la ciudad de Guayaquil; por Ordenanza Municipal se crea la Dirección de Justicia y Vigilancia, destinada a velar por el correcto, oportuno y diligente servicio de comisarios y delegados municipales, funcionarios que son escogidos de entre los mejores estudiantes y egresados de las universidades guayaquileñas. Quien escribe estas líneas recibe, con enorme sorpresa, la invitación del nuevo Alcalde para presidir Justicia y Vigilancia. Es mi  debut y despedida de la función pública. Quince meses de trabajo arduo y cariñoso en bien de la ciudad a la que siempre quise. No hay necesidad de despedir funcionarios para dar vida a la nueva Dirección, los antiguos se esfumaron. En este escenario se sitúa la anécdota que ahora describo.

Los lunes de todas las semanas los directores nos reuníamos por un par de horas en la oficina del Alcalde, quien, libreta en mano, revisaba el avance de la programación de cada director, acción inteligente que permitía que todos los directores viésemos nuestro trabajo en función de ciudad y no de feudo personal y fuésemos capaces de coordinar acciones con las direcciones afines. Justicia y Vigilancia debía velar porque el espacio público (veredas y calles) fuera respetado por todos los ciudadanos, los de a pie y los de limusina. Al norte de la ciudad, un negocio respetable y muy visitado, había trasladado su pared externa más allá de los límites señalados por su escritura pública. La vereda tenía dos metros de ancho y era poco frecuentada; en 1980 se pensó que era bueno y que “a nadie perjudicaba” adueñarse de un metro de vereda para dar un mejor servicio al cliente. Justicia y Vigilancia debía corregir esta anomalía. A fines de octubre de 1992 se estableció que esa construcción ilegal debía demolerse de inmediato. El Alcalde se ausentó de la ciudad por dos semanas; a su regreso, uno de esos lunes, él me preguntó, en público, si ya se había efectuado la demolición. Le dije que no, que los dueños del local se habían comprometido  autodemolerse hasta el 26 de diciembre y que se había aceptado dicho compromiso. Discutimos. LFCR mostró su contrariedad, pero aceptó lo resuelto. El plazo y el compromiso se cumplieron. Unos días más no empañaron la decisión de respetar las ordenanzas; sí evitaron atropellos y sinsabores.

Nadie tiene toda la razón. La verdad se construye en comunidad. Los seres inteligentes discuten, buscan alternativas, saben que todos poseen retazos de verdad. Creo que todavía es factible un entendimiento patriótico entre maestros y Gobierno central.

Caras de una misma moneda
Ciertos acontecimientos dejan lecciones que perduran y que es grato recordarlas. León Febres-Cordero Ribadeneyra (LFCR) no es santo de la devoción de algunos ecuatorianos.
2009-06-09T16:19:12-05:00
El Universo

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