Por el norte y por el sur la droga invade el Ecuador. De ahí se mueve, en camiones, por diversas carreteras. Según fiscales y jefes militares y policiales el país no solo es centro de acopio del alcaloide.

En el cordón fronterizo colombiano hay decenas de cultivos de coca camuflados entre sembríos de yuca, cacao, plátano, y al menos una decena de senderos para traficar droga.

En la frontera sur, algunos comuneros, que en su mayoría son ecuatorianos, sirven de correos para ingresar la droga desde Perú a las provincias de El Oro y Loja, donde la caletean (guardan), para luego transportarla a puertos y aeropuertos.

La estela de amenazas, sicariato, enriquecimiento ilícito, chantajes, sobornos y otros males que acarrean esta actividad es notoria en algunos poblados ecuatorianos.

Publicidad

Un campesino camina apresurado por un sendero de la vereda colombiana Munguí, separada de la comunidad ecuatoriana El Pan, de San Lorenzo (Esmeraldas), tan solo por el fronterizo río Mataje. El hombre volvía de un sector cercano, donde no encontró al comprador de la “pastita” que carga en una mochila. Es la segunda semana de marzo y él debe esperar unos días hasta que los comerciantes arriben a la frontera colombo-ecuatoriana, cuando disminuyan los operativos militares. Ellos recopilarán la carga, la esconderán bajo tierra en Ecuador para luego, en laboratorios clandestinos, transformarla en clorhidrato de cocaína. Luego intentarán sacarla a alta mar, a Colombia o enviarla al interior del país para exportarla.

Aquel día, en la frontera sur y aprovechando los escasos controles militares y policiales, por angostos e improvisados puentes de madera, decenas de comuneros, en su mayoría ecuatorianos, sirven de correos para ingresar la droga desde Perú a El Oro y Loja. En esta última provincia la participación de los ecuatorianos no termina con el paso del alcaloide hacia Ecuador.

“Uno siempre tiene contacto con gente de las fincas y haciendas que caletean (almacenan) la droga en sus propiedades”, dice un narcotraficante que está detenido en El Oro.

Luego se lo exporta a EE.UU. y Europa. A simple vista la pasta básica, que se extrae de la hoja de coca al procesarla con gasolina y cemento, atrae la atención de quien la ve por vez primera; tiene un parecido con las tabletitas de chocolate blanco. Aquella droga, luego de ser procesada en laboratorios con precursores químicos, se transforma en clorhidrato de cocaína (polvo blanco), que en Europa llega a costar hasta 70 mil dólares el kilo.

No hay cifras de la droga traficada, solo de las capturas. La Policía Antinarcóticos incautó 26 toneladas del alcaloide en todo el país, en el 2007; en el 2008 fueron 30,7 toneladas; en lo que va del 2009, la captura más importante, 3,5 toneladas, se dio el mes pasado a bordo del barco María Eugenia, en Esmeraldas. En esta provincia, en los últimos seis meses se han detectado grandes cargamentos (suman 12,2 toneladas).

En septiembre del 2008, en Campanita, a media hora en bote desde San Lorenzo, se localizaron 4,7 toneladas de clorhidrato de cocaína, de supuesta propiedad de los hermanos Ostaiza, llamados a juicio por el fiscal antinarcóticos Jorge Solórzano, a quien el presidente Rafael Correa pidió se lo investigue. En su  dictamen final Solórzano involucró  como cómplice, al ex subsecretario de Gobierno, José Ignacio Chauvin.

Publicidad

En noviembre del 2008, la Armada localizó 4 toneladas de droga enterrada en el sector El Brujo, en el extremo noroeste de San Lorenzo. En esa misma zona, también destruyó, en mayo, un laboratorio con capacidad para producir 8 toneladas de clorhidrato al mes. Diego Rubio, segundo jefe del Batallón de Infantes de Marina San Lorenzo, señala que la situación alarma, pues estos hallazgos se dieron en tan solo un radio de 8 km.

“Todo lo que se atrapa es poco, lo que pasa es hasta diez veces más”, afirma un detenido acusado de narcotráfico.

La droga incautada en San Lorenzo estaba marcada con al menos siete logotipos. El de Campanita con los logos Nike, Apache y Águila, que –según Antinarcóticos– pertenecerían al frente 29 de las FARC. En El Brujo, la Armada encontró moldes para marcar  con las figuras de una mano, un tiburón, 7 de trébol y una garza. “Esa es la marca del patrón (dueño)”, dice un cocalero de Munguí.

En el cordón fronterizo colombiano, desde Chical, Carchi, hasta la desembocadura del río Mataje hay decenas de cultivos de coca camuflados entre sembríos de yuca, cacao, plátano. Toda esta región está dominada por las FARC. Desde ahí salieron casi 300 habitantes de 38 comunidades hace un año y medio y llegaron a San Lorenzo diciendo que huían de la violencia, pero al final aceptaron que querían llamar la atención mundial y pedir que no se erradique la coca. Dagoberto Muñoz, presidente de la Asociación de Comunidades de los ríos Mira y Mataje, dice que cultivan coca para subsistir, pues su gobierno no da planes alternativos.

Y la mayor parte de esa producción, que se la procesa en laboratorios rudimentarios, ingresa al Ecuador por al menos una decena de senderos que dan a las localidades de El Pan, Corriente Larga, Mata de Plátano, Tobar Donoso, Mataje y otros. Ya procesada como clorhidrato, la droga sale al estuario del río Mataje, donde en lanchas rápidas va a barcos en alta mar.

Una parte retorna a Colombia y el resto accede, camuflada y poco a poco, al interior ecuatoriano.

Una dirigente comunitaria colombiana admite que por la presión ocasional del Ejército de su país, campesinos buscan establecer sus plantaciones en Ecuador. Según el fiscal de San Lorenzo, Luis González, entre el 2008 y lo que va del 2009 se han localizado cuatro cultivos en territorio esmeraldeño, cada uno no mayor a 3 hectáreas. También hay ecuatorianos de El Pan y otros sectores que poseen propiedades en el lado colombiano, con coca.
 
En la zona también hay contrabando de gasolina. “Nos venden los dueños de las palmicultoras ecuatorianas. Traen con permisos y nos dan a 300 mil pesos (150 dólares) el tanque”, afirma un cocalero.

La droga que se produce en el Putumayo colombiano, en la Amazonía, ingresa a Sucumbíos y los traficantes la llevan a Guayaquil o Tulcán, por la vía que cruza por La Bonita, para volver a ingresarla a Colombia.

En el otro extremo, la frontera sur,  hay menos patrullajes que en el norte y los campesinos se encargan del ingreso de la droga desde Perú. Las cifras de capturas, aunque pequeñas, crecen. En los dos primeros meses del 2009, la Policía de El Oro incautó 7,1 kilos de pasta y 9,3 kilos de clorhidrato. En el 2008 se halló un total de 2,2 kilos.

El mayor tráfico se da por Loja. Policías de Antinarcóticos de esa provincia reconocen que el 80% de la población fronteriza está dedicada al ilícito. En localidades rurales de los cantones Alamor, Cariamanga, Zapotillo y Catamayo, la espesa vegetación, el paso diario de mercadería y el poco control de las autoridades facilitan el paso del alcaloide en cargamentos de hasta 3.000 kilos, según un narcotraficante preso. Él lo hizo y –asegura– lo hacen otros.

Los campesinos hacen de correos. En ocasiones, comenta un oficial de la Policía Antinarcóticos, como en el lado peruano no hay vías, viajan de 4 y 5 días con la droga a lomo de mulares. Por la tarea reciben de 20 a 100 dólares por kilo, dependiendo la dificultad y la distancia.

Pero la participación de los lugareños es más amplia. Un narco detenido cuenta que en haciendas y fincas del sector fronterizo lojano se almacena la droga bajo tierra. Los finqueros o hacendados reciben hasta 100 dólares por cada kilo escondido en su propiedad. Un uniformado afirma que operan grupos conjuntos de ecuatorianos, colombianos y peruanos. Una incautación grande en la zona se dio en  mayo del 2008, cuando se descubrió un laboratorio y más de 700 kilos de alcaloide, en una finca de Malvas, cantón Celica.

La frontera de El Oro, en cambio, es usada para ingresar al país cantidades inferiores. Los paquetes son camuflados entre mercadería proveniente de Perú, que se la lleva a centros de acopio (viviendas, bodegas o haciendas) de Pasaje, Santa Rosa, Machala y Huaquillas. En este último cantón los lugares más usados para ingresar la droga son el Puente Internacional, Quebrada Seca, Balzalito y Corcabón, donde los controles policiales y militares son esporádicos, señala el narco preso.

“Lo que más envían ahora desde Perú es pasta básica, para procesarla en Ecuador, aunque organizaciones internacionales están haciendo eso en Europa”, sostiene un uniformado.

También se trafica hojas de coca, que son llevadas a Guayaquil. Según un expendedor de alcaloide en el puerto principal, hay casas de la vía Perimetral, del norte y suburbio, donde funcionan laboratorios para procesar pasta para consumo local.

Es justamente el puerto de Guayaquil por donde sale el 40% de la droga exportada, debido al volumen de carga que se mueve, señala el coronel Ramiro Mantilla, jefe Antinarcóticos de Pichincha. En Quito se utiliza a las exportadoras de flores y en Manabí, a los barcos pesqueros.

El oficial indica que los narcotraficantes ya no pertenecen a carteles, como en los noventa. No obstante, en Manta, Manabí, la Policía posee informes de que operan delegados  de los carteles de Sinaloa,  de México; y Norte del Valle, de Colombia, abastecedores de droga en el oeste de Estados Unidos. Ellos aprovechan  la multiplicidad de barcos pesqueros y la situación estratégica para el embarque.

Mantilla refiere que los narcos son como gerentes que solo dirigen el negocio. Tienen redes que contrata a la gente, a la que le ofrecen abogados, dinero y protección para la familia, hasta que cumplan la pena. “Esa gente no habla. Se expone a tener unos años en la cárcel y aseguran a su familia”, afirma.

Él señala que los narcos traen la droga y esperan la oportunidad para “abrir una ruta”. Estos tratan de “contaminar” las exportaciones a través de los puertos; crean empresas fantasmas de exportación. “Lo otro es que movilizar el alcaloide por tierra  en el país es muy fácil, porque hay un flujo grande de transporte de alimentos, de mercadería, y la policía físicamente no puede revisar todos los camiones”, asegura Mantilla.

Los costos

Semilla
Para sembrar una ha de coca, los campesinos colombianos invierten 8 millones de pesos (3.200 dólares), pues ocupan 40 arrobas de semilla conocida como boliviana. Otros cultivan la variedad tinga, de menos calidad, que la reproducen en viveros.

Hoja y pasta
Una ha produce 70 arrobas de hoja por cosecha cada dos meses. Un kilo de pasta básica sale de 40 arrobas. El kilo vale $ 800 dólares.

Clorhidrato
Procesada como clorhidrato, con éter y ácidos, el kilo de droga se cotiza a 3 mil dólares en Guayaquil; 20 mil vale en EE.UU. y hasta 70 mil en los países europeos.