Jueves 27 de septiembre del 2007 Cultura

Un violín viajero, Álex Jimbo a gira con orquesta suiza

El joven artista guayaquileño desea realizar estudios con el maestro ucraniano Vadim Gluzman

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Comenzó su carrera musical a los tres años de edad, de la mano de su madre, Fanny Viteri. Ahora  tiene 21.

El violinista guayaquileño Álex Jimbo Viteri cuenta con 21 años de edad y lleva ya 18 en el mundo musical. Se inició a los tres años, bajo las enseñanzas de su madre, que es música, y creció entre las aulas de clases y los escenarios, en los que debutó a los cuatro. Pronto empezó a obtener premios en certámenes estudiantiles nacionales y luego pasó a integrar orquestas de la ciudad y a tocar en el Ecuador y unas cuantas veces 
afuera.

Su constancia le ha permitido obtener logros. Los más recientes: hacerse acreedor de media beca en la Roosevelt University de Chicago, en los Estados Unidos, para estudiar con el maestro ucraniano Vadim Gluzman. Y, asimismo, ser elegido, entre centenares de aspirantes, como uno de los músicos de la Orquesta Sinfónica  del Festival de Verbier, Suiza.  

Con esta agrupación, el joven músico ecuatoriano participará, en noviembre próximo, en una gira de conciertos por Estados Unidos y Europa. El periplo se iniciará en Los Ángeles. Luego irá a Houston, Chicago y, finalmente, a Nueva York, para enseguida viajar a ciudades europeas: Génova, Estocolmo, Zurich y otras. Integran la orquesta músicos de diversos países, como Estados Unidos, Canadá, Polonia, Grecia, Rusia. El único ecuatoriano y uno de los pocos latinos es Jimbo.

La gira durará un mes. “Será vivir en hoteles y en avión”, resume este  joven músico, que es integrante de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil,  donde es compañero de su madre: Fanny Viteri.  Ella  forma parte también de la agrupación musical ecuatoriana.

Jimbo relata que audicionó para la Orquesta del Festival de Verbier por sugerencia de un amigo. Lo hizo en Nueva York en enero pasado. Después de un par de meses recibió la notificación de que había sido seleccionado.  Primero participó  con la orquesta en una serie de conciertos que fueron parte del festival de verano, donde trabajó con grandes directores, como  por ejemplo Zubin Mehta, Essa-Pekka Salonen, Sir Andrew Davis y otros.

Ahora viene una segunda etapa: la gira. “Aún  no tengo los boletos de avión, pero sé que los ensayos comienzan el 4 de noviembre”, dice Jimbo, quien nació en esta ciudad el 29 de julio de 1986 y ha tomado clases  en Israel y Estados Unidos, donde también ha ofrecido presentaciones. En este último país vivió dos años, pero señala que el profesor de entonces no llenaba sus expectativas. Por eso desistió de las clases y aplicó a la Roosevelt University de Chicago para estudiar con Vadim Gluzman.   

Por ahora está en el Ecuador, tocando con la Sinfónica guayaquileña y alistándose para la gira. Lo que no ha podido es reunir el dinero para emprender sus estudios con Gluzman. Le faltan recursos para cubrir una parte de los gastos que demanda su preparación académica. “Mis planes son irme del país a estudiar y anhelo luego volver y poder enseñar en Guayaquil”, confiesa.

El violinista reconoce como sus formadoras a dos mujeres: a su madre y a la rusa Elena Orlova, q uien regresó ya a su país. Indica que por ahora no hay en el Ecuador una persona con quien él pueda estudiar. “Yo necesito un maestro, mentor y guía. Alguien en quien pueda confiar y esa persona se llama Vadim Gluzman”. Refiere que está trabajando junto con la   promotora cultural de la Sinfónica de Guayaquil en la búsqueda de auspicios. Jimbo califica su nivel musical como alto: “Un nivel que me permite pelear por las cosas que quiero. Siento que tengo condiciones para ser aceptado en festivales y conservatorios de cualquier parte del mundo  y eso  me hace sentir satisfecho”.

Sin embargo, su edad le preocupa un poco: 21 años. Sabe que tiene que aprovecharlos, porque la juventud es breve. “Me voy a poner viejo. Yo tenía unos sueños que todavía no he podido cumplir y si no consigo un profesor ahorita quizá no se me hagan realidad”, añade.

Quiere tocar, ser concertista, pero más le interesa la docencia. Sus proyectos son formarse bien y retornar a su patria, para enseñar. “Afuera no me necesitan. Allá  hay un montón de profesores.

Aquí puedo hacer más. Puedo hacer algo por los que vienen. Enseñar lo mejor que pueda”, manifiesta. Cuenta que ha tenido invitaciones a festivales internacionales, pero que no ha podido ir por la falta de apoyo en el país hacia el arte.

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