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Domingo 21 de mayo del 2006 Salud

Algunas creencias

La aplicación de sapos sobre la erisipela (problema de piel), beber raspado de pene de cuchucho para la potencia sexual, el empleo de la “pata de grillo meón” para curar los problemas renales, el uso del gusano de palma contra el asma y un plato de pájaro negro garrapatero contra la bronquitis son creencias ancestrales relacionadas con la medicina folclórica, pero que no tienen bases científicas.

Sin embargo, aún son practicadas por algunas personas del campo y los curanderos que creen en los trastornos sobrenaturales, pero quienes se someten a estas “curaciones” deben concienciar que, en la mayoría de las ocasiones, se pone en riesgo la vida porque lo más indicado es acudir a tiempo a un médico, quien investigará mediante exámenes de laboratorio y de imágenes el padecimiento y dará el tratamiento apropiado.

El cuchucho: Según las creencias ancestrales, el preparado con pene de cuchucho (mamífero parecido a un oso hormiguero) en combinación con plantas exóticas de la región produciría un mejoramiento en la potencia sexual, pero no está comprobado científicamente. Según el urólogo César Merino Espinoza, hay que concienciar que en la actualidad existen medicamentos que tratan  afecciones que tienen que ver con el desempeño sexual, cuyo efecto vasodilatador hace que aumente la entrada de sangre en los cuerpos cavernosos, lo que permite una buena erección y mejora la firmeza o la fuerza del pene. 

Pasar el sapo: Las antiguas creencias decían que pasar el sapo sobre la piel con erisipela ayudaba a sanarla. Esta es una enfermedad producida por una bacteria llamada estafilococos que causa hinchazón, enrojecimiento y calor. La explicación de su uso, según el doctor Gustavo Cáceres, es la siguiente. La panza del sapo tiene una temperatura fría y al colocarla sobre la zona afectada con erisipela aliviaba el ardor, mientras que el animal recibía el calor con las toxinas del enfermo, lo que le contagiaba el mal y luego moría, por eso los creyentes en este método usaban entre tres a cinco sapos, uno por día en el transcurso de la semana. Hoy lo que hace la ciencia médica es aplicar una compresa helada en una superficie caliente.

Trapo amarrado en la cabeza: Otra creencia utilizada por los campesinos y que aplicaban cuando sufrían de dolor de cabeza era amarrarse un trapo en la cabeza para que este mal disminuyera. Ese tratamiento era parecido a la actual digitopuntura que se aplica con la yema de los dedos apretando ciertos puntos energéticos.

Mal de ojo: Según el doctor Eduardo Estrella en su libro Medicina y estructura socioeconómica, el mal de ojo era considerado por los integrantes de la cultura Manteña como una enfermedad y se la prevenía si en la muñeca izquierda se colocaba una piedra.

Otra opinión es la del homeópata Jaime Moreno. Él dice que los seres humanos tenemos lo que se llama un “tercer ojo” y a veces desarrollamos una fuerza más intensa que los demás y la transmitimos de manera inconsciente, con lo cual provocamos un desequilibrio energético en la otra persona; y si a este hecho se suma por coincidencia un cuadro de fiebre intensa, vómito, diarrea o deshidratación, debido a un problema digestivo, es probable que el enfermo piense que lo han “ojeado“; y si le pasan el huevo, este armoniza energéticamente al paciente y seguro que le ayudará a sanarse más rápido, por el uso de la terapia mental que eleva las defensas en el organismo.

Mal de viento: Es también otra creencia y era considerado como un trastorno sobrenatural provocado por un espíritu maligno que soplaba a una persona y le provocaba el mal de aire que causa  angustia, dolor de cabeza, palidez generalizada y desvanecimiento; a veces dolor abdominal, vómito y diarrea. Las personas encargadas de tratarlo eran los yachag o chamanes mediante limpias que consistían en soplar al paciente con trago, humo de cigarrillo, frotar piedras, espadas, entre otras.

Mal del arco iris: Los aborígenes puruhaes temían al arco iris, porque decían que cuando la luz tocaba a las mujeres jóvenes les provocaba embarazos, abortos o el nacimiento de niños con malformaciones. También creían  que ocasionaba dolores en músculos esqueléticos, depresión y melancolía. Incluso inflamaciones e infecciones de piel.

Sin embargo, el doctor Cáceres indica que todo lo que afirmaban no era verdad, y que es muy probable que cuando haya aparecido el arco iris hubo por coincidencia alguna epidemia. “En realidad, muchas de estas enfermedades provocadas por procesos sobrenaturales y tradicionales más que tener una causa orgánica tienen un origen psicológico”.


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