Martes 07 de febrero del 2006 El Gran Guayaquil

Rodolfo Pérez Pimentel, el biógrafo

Jorge Martillo Monserrate, para EL UNIVERSO

Esa tarde conversé con quien escribe un libro casi infinito. No es seguidor de Jorge Luis Borges pero su diccionario, inundado de vidas, no cesa de fluir. Él es Rodolfo Pérez Pimentel (Guayaquil, 1939), cronista vitalicio de Guayaquil y biógrafo del país. De eso dan cuenta los 22 volúmenes del Diccionario biográfico del Ecuador –cerca de 1.600 biografías– y El Ecuador profundo en 4 tomos.

Charlar con un cronista, historiador, biógrafo y notario algunos podrían creer que es aburrido. No es así. Su conversación es amena, cuestionadora y lúcida. A fines del 2005, por su vasta obra, ganó el premio Eugenio Espejo en la categoría Actividades Literarias.

He llegado a averiguar cómo es la tarea de un biógrafo caudaloso. Para qué escribir ficción, dice, si nuestra historia tiene vidas increíbles y valiosas. Defiende la biografía como posibilidad de vivir otras vidas y enriquecer la propia.

El estruendo de la ciudad llega amortiguado a su escritorio de notario. Luce una guayabera blanquísima. Es un buen conversador y posee una memoria prodigiosa. Su mirada de biógrafo hurga, desentraña. Mientras conversa, firma, certifica y sella documentos sin dejar de contar las vidas de sus biografiados. Sus clientes quedan atrapados en las redes de esas historias. Y les cuesta abandonar la Notaría 16ª de Guayaquil.

Como no es una monedita de oro. No es el santo de la devoción de todos. Rodrigo Villacís Molina refiere que “para los más exigentes, su obra carece del suficiente rigor y es más bien anecdótica, aunque reconocen que contiene información muy difícil de hallar”. Asimismo, hay quienes lo reconocen como el último tradicionalista de Guayaquil.

A lo que Pérez Pimentel opina: “Se ha dicho que lo mío tiene punta y casi siempre es atrevido. Una vida debe llamar la atención, no ser gris. Creo que cuando me he equivocado de buena fe, lo he corregido para las futuras reediciones”.

Con el chisme, la historia pequeña, el dato suelto, etcétera, también nutre sus historias de vidas. “El que no chismea –asevera con franqueza– vive solo una vida”. Y es que digo yo: –aficionado a ese género de la literatura oral que es el chisme– vivir la vida de los demás es maravilloso, porque es vivir la vida de todos.

Como un historiador con los pies plantados en el presente, opina que el Guayaquil de su infancia no era mejor que el actual. Porque si ahora te asaltan en cualquier esquina, en el Guayaquil de antes la gente se moría a causa de la tuberculosis, el paludismo,  enfermedades que ahora se curan y antes no. Por eso afirma: “Hemos nacido en el mejor sitio y el mejor momento para vivir”.

Rescatando personajes
En su casa de infancia siempre se hablaba de historia. Ahí creció él. Por algo sus tíos eran los historiadores Jorge Pérez Concha y Julio Pimentel Carbo. Este último le presentó al que considera su maestro: Pedro Robles Chambers. A sugerencia de este genealogista, en el sesenta inició su archivo bio-bibliográfico.

En 1968, a petición de Pancho Pérez Castro, escribió, durante cuatro años, la columna ‘Crónicas del Guayaquil antiguo’, que publicó en Diario EL UNIVERSO.

Recién en 1982 le dio utilidad a su copioso archivo. Ese año, en un periodo de tres meses fallecieron Pedro Saad, José María Egas y Carlos Zevallos. Él, cansado de leer los datos insulsos que acostumbraban a publicar los periódicos cuando fallecía un ilustre, decidió profundizar y escribió las tres biografías. “En un impromptus las mandé a EL UNIVERSO. Eso fue un lunes. Para mi sorpresa, el jueves publicaron una, el viernes otra y el siguiente lunes, la tercera”. Luego comenzaron a salir dos veces a la semana. Así se fue haciendo el biógrafo del Ecuador y el proyecto de su diccionario. Al principio no imaginó llegar al tomo cinco. “Pero cuando me di cuenta que era posible y que el Ecuador necesitaba un diccionario biográfico, me dediqué de frente a la obra”, recuerda.

Su diccionario no está alejado de aventuras, venturas y desventuras. Cuenta que a veces ha tenido la oportunidad de conversar con la persona biografiada. “Aunque algunos me dicen que no debo conversar con ellos porque cada cual alaba su queso rancio”,   dice   él cuando le quieren meter cuento. Otro método es recurrir a su archivo. Cuando tiene casi los datos completos de un personaje trata de localizar el resto de la información en otras fuentes bibliográficas o si es una persona recién fallecida busca hablar con los deudos. En ciertas ocasiones las biografías, como gotas de lluvia, le caen del cielo: “Me llaman y dicen: mire, tengo los datos de mi abuelo, mi padre, algún tío, en fin”.
Eso ocurrió con la hija de don Francisco Arízaga. “Me tenía la biografía casi hecha, se la sabía de memoria y me la dictó. Pero así mismo me he encontrado con unos burros. Del pariente no saben nada”.

También se ha topado con gente con la cual no tenía ningún conocimiento y se han hecho muy buenos amigos. Fue el caso de don Manuel Agustín Aguirre (la figura máxima de la izquierda ecuatoriana) “el hombre tenía una cara muy adusta –recuerda– pero cuando se lo trataba era bueno como el pan y muy paternal”.

Su diccionario toma en cuenta a las grandes figuras y también a las medianas. Porque a veces no son los presidentes  los que gobiernan sino sus ministros. “No necesariamente la primera figura tiene el protagonismo, afirma, hay grandes demócratas desconocidos como Nicolás Rivadeneira que fue llevado caminando al cadalso de la plaza Santo Domingo, donde lo iban a fusilar por orden de Gabriel García Moreno, pero al llegar no lo hicieron porque todo era una broma vil y cruel del llamado Santo del Patíbulo. El mismo García Moreno, cuando mandó a fusilar a Manuel Tomás Maldonado, obligó a la esposa del condenado a asistir, ella se desmayó cargando su bebé de pecho y rodeada por sus otros hijos pequeños.

A esos personajes es que hay que rescatar, asevera Pérez Pimentel. Ahora, alentado por el premio, todas las noches trabaja en su casa de ocho y media de la noche hasta la una de la mañana. Su objetivo es llevar a su diccionario hasta el volumen 50.

Por lo pronto, Pérez Pimentel invita a que consulten sus dos obras El Ecuador profundo (www.ecuadorprofundo.com) y Diccionario biográfico del Ecuador (www.diccionariobiograficoecuador.com) electrónicamente. El libro casi infinito navega en la red.

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