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Domingo 30 de octubre del 2005 Tendencias

La cotona y el sombrero de paja toquilla

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El Dr. Rafael Pino indica que la cotona permitía el uso de broches o gemelos y tenía un ojal para los antiguos relojes de bolsillo.

El doctor en jurisprudencia Rafael Pino Rubira indica que existen confusiones en lo referente al atuendo típico del hombre guayaquileño en la ciudad: “En los últimos años he leído con sorpresa que unos lo visten de guayabera, de liki-liki o de cotona. Nada más alejado de la realidad: la guayabera es de origen panameño con influencias en ciertas partes del Caribe; y el liki-liki, camisa parecida a la cotona, procede de la costa atlántica de Colombia. Por su parte, la cotona es la vestimenta del hacendado del agro costeño, cuya zona de influencia va desde el sur de Naranjal hasta la provincia de Los Ríos, y en los territorios bañados por el río Guayas”.

Por lo tanto, Pino defiende que entre las tres prendas, la cotona es la vestimenta más auténticamente relacionada con el folclor costeño del Ecuador. “Es una camisa fuerte de algodón cuyo propósito era proteger del calor a los hacendados que recorrían sus plantaciones a caballo, mientras que su cuello redondo, muy distinto al de la guayabera, evitaba que los bichos se introdujeran en el cuerpo de la persona”, indica este guayaquileño que asegura que el mejor acompañante de esa prenda ha sido el sombrero de paja toquilla, cuya elegancia ha permanecido junto al hombre costeño por generaciones para protegerlo del sol.

Tal ha sido la vestimenta tradicional del hacendado, quien al llegar en lancha a alguno de los muelles municipales de Guayaquil se dirigía a su casa y colgaba la cotona en el perchero, porque su uso no era apropiado para la ciudad. Según Pino, el traje del guayaquileño en la ciudad era de tres piezas (pantalón, saco y chaleco) más la camisa con pechera almidonada y cuello de pajarita (similar al del frac), una corbata oscura de lazo y el sombrero de fieltro (especie de paño no tejido), que a inicios del siglo XX fue reemplazado por el sombrero de paja dura llamado tostada; además ocasionalmente se usaba lo que se ha dado en llamar media fantasía, es decir, pantalón gris y chaqueta negra cruzada de cuatro botones, a la inglesa. “Hoy podría parecer ese atuendo muy caluroso; pero dada la escasez de cemento, la presencia de muchos árboles y la casi ausente pavimentación hacían que los veranos sean frescos y la época lluviosa no tan calurosa como hoy en día”, relata Pino, cuyas paredes de su oficina muestran las fotos antiguas de varios antecesores con las prendas que ahora describe, y que al contemplarlas lo motivan a destacar la cotona como una vestimenta que, por ser netamente ecuatoriana, debería reemplazar a las foráneas.

“De lo que se trata, en conclusión, sería no reintroducir la cotona como traje de ciudad, porque nunca lo fue, sino, dada la inclemencia del actual clima del Guayaquil, introducir en la ciudad una prenda de vestir del agro costeño en vez de importar un atuendo del Caribe, ya que la guayabera obtuvo carta de naturaleza en nuestra ciudad hace apenas cuarenta o cincuenta años”, recomienda Pino, quien aprendió a valorar los trajes tradicionales desde muy pequeño. “Recuerdo que en el bautizo de un pariente, que ahora bordea los 50 años, mi tía Lola Pino Ycaza de Marcos al verme en la iglesia de guayabera me mandó a la casa a ponerme saco y corbata. Fue entonces cuando me dijo: ‘Tu padre no se sacaba el saco y la corbata ni cuando viajaba a Posorja, y tú también debes aprender a vestirte correctamente’. De igual manera, los costeños deberíamos seguir defendiendo nuestras prendas tradicionales”.

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