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Domingo 30 de octubre del 2005 Cuerpo y Alma

Padre Fernando Intriago vocación y convicciones

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Cuando Fernando Intriago decidió dedicar su vida al sacerdocio, sus amigos hicieron apuestas sobre cuánto duraría su pana más farandulero atado a las restricciones del seminario. ¿Un mes, dos meses, seis meses, quizás un año con suerte? “Ninguno creía realmente que mantendría mi vocación”, indica Intriago entre sonrisas al recordar el escepticismo de sus amigos más íntimos, que incluso se mostró en su familia porque sus padres tampoco entendían cómo Fernando, el segundo de sus cuatro hijos, conocido por ser muy extrovertido y conversón, se convertiría en cura.

Nadie puede culpar a quienes dudaban de su vocación, porque cuando este guayaquileño graduado del colegio Javier tomó esa importante decisión tenía 26 años, era un surfista enamorado de la playa, salía a fiestas que daba miedo, cursaba el último año de ingeniería civil e, incluso, ¡estaba comprometido para casarse! Se podría decir que su vida era como un barco con rumbo establecido, pero como buen capitán Intriago supo cuándo cambiar la dirección de su nave.

“En esos tiempos era feliz, pero sentía que me faltaba algo importante. Por ejemplo, cada vez que llegaba a mi casa de una fiesta me invadía una soledad mezclada con vacío. Eso no solo les sucede a los jóvenes, también a los adultos que no encuentran sentido en su vida”, afirma Intriago mientras se recuesta en un sillón reclinable de la sala de su casa parroquial, en la iglesia de Chestokowa, debido a un problema de espalda que le impide estar sentado por mucho tiempo.

Intriago busca ponerse cómodo en su sillón, tal como hace 23 años buscó ponerse cómodo en su vida. Un momento clave en esa transición fue una visita al santuario de Schoenstatt, al que asiduamente se “escapaba” desde los 18 años, edad en que se acercó más a la devoción católica a través de un grupo cristiano al que perteneció por ocho años. Cuando entró al santuario Intriago era un joven como cualquier otro, casi profesional y casi esposo, pero tras los minutos de reflexión que mantuvo eliminó esos “casi” para salir del templo totalmente entregado a la Iglesia.

Y esa misma convicción ha demostrado en todo lo que hace, “porque en la vida no hay que andar con medias tintas. O se es o no se es. Pero lastimosamente vivimos en el mundo del más o menos. Porque si le preguntamos a un esposo si es fiel, te responderá que ‘más o menos’, e igual respuesta encontraremos si preguntamos a un estudiante si es aplicado, a un empleado si trabaja con empeño o a un comerciante si es honesto”.

Encontrando un propósito
Pero el ‘más o menos’ no tiene espacio en una persona que encuentra su propósito en la vida. “Debemos entender para qué estamos en este mundo, debemos entender de dónde venimos y a dónde vamos”. Ese es uno de los principales consejos que este sacerdote hoy entrega a los jóvenes que conforman el Movimiento de Vida Cristiana, agrupación nacida en Perú que ahora cuenta con 1.500 jóvenes en Guayaquil.

Intriago es uno de sus asesores en la ciudad, por lo que su voz grave de cantante de ópera a menudo sirve para llevar palabras de aliento a la juventud local, impulsándola a dejar atrás “las superficialidades y la bulla de computadoras, el chat (conversación vía Internet), la televisión, las fiestas, la música,” para encontrar respuestas a las preguntas fundamentales que nos ofrece la vida. Intriago aclara: la diversión y la tecnología no son negativas, pero sí cuando nos distraen de la espiritualidad y nos llevan al vacío. “Todos tenemos anhelos escondidos, y cualquier momento es bueno para reflexionar y descubrirlos”.

Actualmente, Intriago ayuda a otros a encontrar tales anhelos. Y para ello puede utilizar su palabra enérgica en los sermones durante las misas (“no soy perfecto, pero peleo por lo que creo”), en las reuniones con niños, jóvenes o adultos (“todos necesitamos a Dios”), e incluso en sesiones donde disfruta de uno de sus hobbies favoritos: ver películas.

¿Quién diría que Neo, personaje principal del éxito taquillero Matrix, sería un excelente ejemplo de un ser humano buscando su propósito en la vida? “Neo debe elegir entre seguir viviendo en un mundo de engaño e ilusiones, o enfrentar la realidad para intentar mejorarla”. ¿Y qué tal si dijéramos que las experiencias de Anakin Skywalker, protagonista de los primeros episodios de La Guerra de las Galaxias, también pueden enseñar mucho a los católicos? “Anakin es un buen hombre con excelentes cualidades que resulta engañado por el lado oscuro (de las superficialidades y el facilismo), y eso es algo muy común en las personas”.

Los DVD originales de esas películas reposan a un metro del televisor de 29 pulgadas con sistema Home Theater ubicado en la sala de la casa parroquial. También se observa la película La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, cuyas escenas de violencia generaron gran polémica entre sectores del público y medios de comunicación, “pero las personas nada dicen cuando se presentan escenas más violentas en otras películas”, critica Intriago sobre esa hipersensibilidad que el público suele tener con los temas relacionados a la Iglesia, la cual a menudo también provoca ataques a la devoción católica.

“Hoy en día está de moda criticar a la Iglesia, por eso los sacerdotes debemos cuidarnos de librarnos de tal hostilidad provocada por la fama negativa causada por malos religiosos, pero que resultan una insignificante minoría comparada con los sacerdotes valiosos”, destaca Intriago mientras se levanta de su sillón para estirar las piernas. Y con su voz de tenor que corona su más de 1,80 metros continúa: “Actualmente vivimos una ausencia de Dios y tal situación les impide a las personas entender cuál es su sentido en la vida”, indica este ex surfista que en su juventud se enfrentó a mares embravecidos de Montañita y la Península de Santa Elena, pero que desde que descubrió su vocación mantiene el equilibrio en la ola más importante y agitada de su vida. “La iglesia se desenvuelve en un ambiente muy hostil, sin embargo los sacerdotes somos felices porque hemos entregado el corazón a Dios”. Y esa entrega le hizo ganar aquella apuesta que hace 23 años iniciaron sus amigos, y que hoy le brinda como premio una vida dedicada a su vocación, sus creencias y, lo más importante, a su felicidad. (MP)

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