Sábado 12 de marzo del 2005 Cartas al Director

Que el mal no mate nuestra fe

El mundo se estremeció ante el doliente sonido de iglesias haciendo sonar sus campanas en la fría ciudad de Madrid. Sonido revestido de duelo al recordar a las víctimas de los atentados terroristas ocurridos hace un año (un día como ayer 11 de marzo) en la estación de Atocha.

Campanadas que resuenan también por las calles de Líbano, emocionando hasta las lágrimas a sus habitantes que también están de duelo por  su ex ministro Rafik
Hariri, víctima de la cobardía de esos oscuros seres que no sienten respeto por la vida.

Campanas que además suenan en medio de los conflictos, en Iraq, desplazándose por las ondas sonoras a través de los templos, casas y plazas destrozados por la guerra y manchados con la sangre de inocentes.

Campanadas que también hacen eco en los corazones de los paraguayos, recordándoles la horrible muerte de Cecilia Cubas; y en los colombianos, por el triste aislamiento obligatorio del que es víctima la ex candidata presidencial, Ingrid Betancourt.

¿Por qué suenan las campanas? Suenan por la restauración de la paz en el mundo, por el alto al terrorismo, por los derechos de la humanidad. Suenan por ti, por todos nosotros, diciéndonos -ante un mundo que se destruye a sí mismo- que pueden quitarnos todo, excepto la fe.

Ernesto J. Varas von Buchwald
Salinas

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