Domingo 30 de enero del 2005 Política

Segundo vicepresidente del Congreso es influyente en Loja

QUITO | Cristóbal Peñafiel, redactor

La personalidad del diputado Jorge Montero Rodríguez, el segundo vicepresidente del Congreso Nacional, genera reacciones encontradas: le consideran polémico, enigmático, populista, hábil y capaz de ser amable o tosco, según las circunstancias.

Montero, de 52 años, casado con María de Fátima Bermeo Abraham, con quien tiene tres hijos, nació en Cariamanga (Loja) y milita en Concentración de Fuerzas Populares (CFP) desde 1978. Fue presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Loja (77-79), diputado alterno (79-84) y presidente del Tribunal Electoral de esa provincia.

Con su único voto, el legislador cefepista, partido que resucitó en diciembre de 2004 en el TSE, fue elegido segundo vicepresidente del Parlamento el 25 de noviembre pasado.

Con Montero en ese cargo, la nueva mayoría gobiernista apeló a las presidencias de Guillermo Landázuri (ID) y luego a la de Ramiro Rivera (DP). Así, Montero presidió tres sesiones clave: la que removió a los tribunales Electoral y Constitucional; la que reestructuró la Corte Suprema de Justicia y la que designó a las autoridades del Congreso, en enero pasado.

Se caracteriza por ser enigmático. En Cariamanga, al diputado se lo escucha en sus radios, pero no se lo ve caminando por la ciudad, según personas consultadas por este Diario. Reside en El Dorado, un barrio ubicado en esa localidad, adonde se accede en carros 4x4.

Pero, según su colega diputado Rafael Dávila (independiente), hay otros misterios. Por ejemplo, dijo, Montero posee bastantes propiedades, sin embargo, en su declaración patrimonial (del 19 de noviembre del 2002), tenía tres cuentas de ahorro con un total de 3.200 dólares, un auto del año 1995, acciones en diario El Siglo, de Loja, por 5.000 dólares, y electrodomésticos.

En el documento no mencionó sus dos radioemisoras (Cariamanga AM y FM) y un canal de televisión (Tevesur) que  posee desde 1993. Según Dávila,  la fortuna de Montero se asienta en un instituto politécnico, una escuela, una gasolinera, un edificio en construcción y varias casas en Cariamanga, una residencia en Quito, entre otros.

En Cariamanga es un secreto a voces el hecho de que las propiedades arriba señaladas son de Montero. No obstante, en los documentos que mostró Dávila constan como propietarios sus parientes. “Montero ha montado una red de testaferrismo familiar, con el propósito de ocultar su inmensa fortuna”, aseguró.

“Una prueba de que se utiliza el testaferrismo –dijo–, es la liquidación de la sociedad

conyugal con su esposa María Bermeo, a quien cedió el 50% de los bienes que le correspondía y el otro 50% a sus tres hijos, pero dejó para él en usufructo, hasta su muerte, la administración, producción, ganancias y mejoras de esos bienes”.

El 27 de noviembre de 2003, el Comité de Excusas y Calificaciones recibió la denuncia sobre la supuesta participación de Montero en un caso de tráfico de drogas, en 1981, del que salió librado. Según Dávila, el cefepista ejerce influencia  política en ciertas instancias judiciales y citó casos de juicios penales por calumnias así como supuestas irregularidades en los municipios de Quilanga y Calvas, supuestos actos de corrupción en Predesur y en el caso red Peñaranda.

La popularidad
¿De dónde viene la popularidad del diputado cefepista? Es efecto de sus medios de comunicación, donde habla todos los fines de semana, y una campaña puerta a puerta en los últimos días de los procesos electorales donde hace sus ofertas políticas, según John Mora, ex presidente del Tribunal Electoral de Loja.

Entre los ofrecimientos están la pavimentación de 16 km en Calvas, por lo que fue declarado el mejor ciudadano de Cariamanga, pero la obra no se ha cumplido.

La política ha sido su fuente de protagonismo. “De lo que tengo entendido él no ha ejercido la profesión, ya que ha estado vinculado al Congreso durante doce años”, afirmó Santiago Armijos, presidente del Colegio de Abogados de Loja, al que Montero es afiliado.

El ex prefecto de Loja, Raúl Auquilla (PSC), puntualiza que “como CFP ha logrado una alcaldía (en Gonzanamá), una consejería y ha tenido muy pocos triunfos en juntas parroquiales; esto demuestra que Montero no tiene la tal fuerza política en Loja”.

“Era una persona muy amable, con un trato cuidadoso con la gente y guardaba bien las relaciones con los legisladores”, afirma Diego Delgado (PS), quien fue su compañero del periodo 1992-96. En cambio, para Rafael Dávila, Montero “insulta a sus adversarios políticos de una manera impresionante”.

Mora dice que ese vocabulario es normal en Montero, ya que “es un contumaz insultador: para él, todos sus enemigos son homosexuales o ladrones. Mi madre y yo hemos sido víctimas de degradaciones. Nada hemos podido hacer, debido a la inmunidad parlamentaria”.

En Cariamanga, casi todos los pobladores  que intentaron ser entrevistados por este Diario optaron por el silencio. Montero tampoco quiso dar una entrevista a EL UNIVERSO.

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