El 56% de la población argentina posee antepasados indígenas, mientras que el 44% restante es mayoritariamente descendiente de europeos, según una extensa investigación de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

El estudio, difundido ayer por diario Clarín, comenzó hace 12 años en diversas provincias de Argentina, donde investigadores del Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la UBA llevaron a cabo análisis genéticos a unas 12.000 personas.

“Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser”, afirmó el director del Servicio que llevó adelante la investigación, Daniel Corach.

Los análisis que dibujaron el primer mapa genético del país fueron realizados a partir de muestras de ADN, que permitieron leer los códigos inscritos en los genes.

La investigación también demostró que en el 53,3% de la población argentina tiene ascendente materno no amerindio, con lo que en la mayoría de los casos existieron madres europeas, que tuvieron hijos con indígenas de este país.

Solo el 10% de la población es aborigen puro, según reveló el estudio, que inició sus investigaciones en 1992.

Pero esta unión entre ambas razas “no se manifiesta necesariamente en un rasgo físico visible, razón por la cual se sostuvo la creencia durante tanto tiempo de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo”, puntualizó Corach.

“Creo que se sobrestima el componente europeo”, enfatizó el profesor universitario.