martes 02 de noviembre del 2004 Columnistas

Adoum y el premio Cervantes

La Casa de la Cultura Ecuatoriana, dirigida por el novelista Marco Antonio Rodríguez, ha presentado la candidatura de Jorge Enrique Adoum al premio Miguel de Cervantes 2004. Y la acogida de nuestras instituciones culturales, artistas y escritores ha sido entusiasta y favorable. Cosecha Adoum, así, la siembra de una obra poética, narrativa y ensayística ubicada del lado mejor del humanismo.

Esto de ningún modo choca con lo dicho de su novela Entre Marx y una mujer desnuda, sino más bien lo confirma: “...es mejor que sea un libro demasiado intelectual es decir complejo / como la realidad que expresa y la conciencia que en él se aventura / y no insuficientemente intelectual es decir mediocre / y peor aún no intelectual es decir sentimental / porque se debe escribir con el cerebro con el vientre y los testículos pero no con el corazón”.

Algunos de los títulos de sus libros principales dan pistas para los lectores acerca de los temas de este escritor que ha sido llamado por gran parte de la crítica “el autor ecuatoriano más importante de los tiempos actuales”: Ecuador amargo, Los cuadernos de la tierra, Ecuador, señas particulares, De cerca y de memoria, Recuerdos de lecturas, Autores y lugares... Estos volúmenes –y todos los demás surgidos de su pluma– dan testimonio de las razones capitales para que el Ecuador presente con orgullo y optimismo la candidatura del poeta, narrador y ensayista. Sus textos constituyen buenos referentes de un estilista siempre juvenil.

Si se me pidiera resaltar lo que me impresiona favorablemente más en los libros del postulante al premio Miguel de Cervantes 2004, yo citaría algunas cualidades estilísticas. De hecho, no están citados en orden de mérito, como se comprende y justifica en una crónica periodística. Destaco en primer lugar la existencia, subyacente o superficial, del humor, en toda su escritura. Hay un buen/mal humor que se infiltra en cada página, en cada historia. Un idioma invencionero que practica todas las audacias.

Las palabras surgidas de repente con el nacimiento del texto y su destino a vivir fugaz o eternamente. Los neologismos desafiantes y los mansos arcaísmos. Unos y otros nos llevan de la mano de las historias, los estudios y los poemas, recordándonos que el arte de escribir es también un juego de espejos y laberintos. Que es, por naturaleza, el más fácilmente difícil de los juegos de la inteligencia y del arte. Vaya un ejemplo tomado del poema Ecuador. La geografía: “Es un país inventado por sí mismo, / partido por una línea imaginaria / y no obstante clavado en el cemento al pie de la pirámide. / Si no, cómo podría la extranjera retratarse / pierniabierta sobre mi patria, como sobre un espejo / la línea justo bajo el sexo / y al reverso: Greetings from la mitad del mundo”.

En todos sus libros asoma (en unos inesperadamente y en otros de manera insistente) su cruel amor por nuestra patria. Pero donde constituye el eje y la diana es en ese memorial de agravios del subdesarrollo que es  Ecuador, señas particulares.

El botellero se adhiere, con alma, corazón y sombrero, a la candidatura de Adoum para el premio Miguel de Cervantes 2004.

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