Domingo 10 de octubre del 2004 Letras y Notas

Emigrantes, ‘los esclavos del siglo XXI’

Fotos: Alfredo Cárdenas | Texto: María Fernanda Ampuero

Una obra que recoge dolorosas historias de inmigración y datos sobre cárceles para extranjeros ilegales, prostitución, asesinato por discriminación, mafias, abuso infantil. Su autora, Cristina Civale, ha publicado libros de cuentos y artículos en varios medios de su país, Argentina, y España.

Su libro se llama Esclavos, porque justamente eso es lo que la escritora argentina Cristina Civale descubrió que son los inmigrantes sin papeles en España. Las palabras humillación, atropello, abuso, discriminación y explotación no alcanzarían a definir por completo las desoladoras historias que decenas de latinoamericanos, asiáticos y africanos compartieron con la investigadora.

“¿Venís de un diario de Ecuador?”, confirma Civale antes de empezar la entrevista, “hay tantas historias de discriminación protagonizadas por ustedes... En mi libro hay un capítulo sobre el caso de un ecuatoriano al que asesinaron unos vigilantes privados”, dice con vehemencia. Está indignada con las políticas de extranjería de Europa y  el doble discurso.

“Los sin papeles están sin papeles y seguirán estándolo porque no los deportan ni los legalizan y en este vaivén se garantiza que se conviertan en mano de obra no solo barata sino mucho más que barata, paupérrimamente pagada”, escribe Civale en su libro. 

El proceso de investigación la llevó a vivir entre inmigrantes por un año y a revisar documentos, visitar organizaciones de derechos humanos y cárceles clandestinas llamadas eufemísticamente Centros de Internamiento de Extranjeros.

Meses después, escandalizada, dolida, habla sobre la nueva forma de explotación que  padecen los inmigrantes de naciones pobres en los países desarrollados. El clandestino es el esclavo del siglo XXI. 

Por ser sudaca
El tercer capítulo de Esclavos se titula ‘Por un sudaca de mierda no me mojo el móvil’ y cuenta el caso de Wilson Pacheco, el joven emigrante ecuatoriano que murió ahogado en las aguas del Mediterráneo el 27 de enero del 2002.

Así narra Civale la historia:   “Wilson era moreno y bajito, ningún latin lover, simplemente un muchacho como cualquiera con derecho a divertirse (…) Hubo testigos que vieron cómo uno de ellos (un guardia de seguridad) tiraba a Wilson al agua a sangre fría ante la mirada ciega de los demás. Otras personas escucharon cómo uno de ellos decía: “Yo por un sudaca de mierda no me tiro al agua ni me mojo el móvil, luego siguieron con su trabajo sin inmutarse. Y así, Pacheco, por ser sudaca y no español o rubio o alto, murió ahogado”.

Los guardias de seguridad, según confirma la autora, recibieron una pena de trece años por homicidio agravado por uso de superioridad, pero la justicia desestimó el agravante racista. ¿Cómo no va a haber sido por racismo?, pregunta indirectamente Civale, “si se escuchó que uno de los celadores dijo:    ‘Si las ratas saben correr, sabrán nadar, y si no que se ahoguen’”.

Otra esclavitud
Otro capítulo de Esclavos cuenta la historia de Estela, una ecuatoriana de 25 años que dejó a su hija de 3 años y a su madre sin trabajo en Ecuador y que actualmente se dedica a la prostitución.

Cuenta Civale: “En 20 minutos gana el doble de lo que ganaba como asistenta. Y eso es lo único que cuenta para ella. Es un trabajo”.

Las palabras de Estela son conmovedoras: “Estos años aprendí mucho. Ya no tengo miedo ni vergüenza, pero no quiero que mi madre ni mi hija sepan a qué me dedico. Sería muy difícil hacerles entender. Yo espero ahorrar el dinero suficiente para volver en unos años a Ecuador para educar a mi hija (…) Yo trabajo acostada, sí, pero cobro de pie. Y como dicen aquí, es lo que hay”.

De los datos que la investigadora anexa en su libro está la sorprendente revelación de que en España hay unas 20 mil inmigrantes que ejercen la prostitución. Los  grupos más numerosos son el de las rumanas,   las nigerianas y luego las ecuatorianas y  colombianas.

Clandestinos
El proyecto de Cristina Civale nació después de  vivir en carne propia las dificultades de un emigrante en España, no importa cuál sea su origen o su formación académica y profesional.

“Fui a Madrid a trabajar con unas editoriales unos proyectos míos y muy pronto empecé a encontrar cierta resistencia, es decir que no era muy fácil encontrar trabajos seguros y estables. Poco a poco me fui interesando  en el tema y empecé a indagar qué pasaba con la emigración. Como latinoamericana empecé a pensar en lo que significó para los españoles ‘hacer la América’ en su momento y ahora cuando pasa al revés, que la gente de América Latina esta yendo para allá, ellos no permiten que nosotros hagamos ‘la España’, nos la ponen superdifícil, nos dan los peores trabajos y hay un límite adonde puedes llegar como profesional”.

El único que paga
Esclavos es un libro revelador, la denuncia de su autora es clara y apunta a los grandes empresarios y quienes tienen el poder económico en el mundo. Los ricos necesitan a los emigrantes para seguir siéndolo cada vez más, eso para ella no es más que blanqueo de dinero.

Los datos son reales y escalofriantes. La suma del dinero que obtienen un millón doscientos mil clandestinos (entre 400 y 1.000 euros por mes) da 600 millones de euros mensuales ganados en la periferia del sistema, es decir, en negro, sin embargo ese dinero se gasta legalmente, se paga todo con impuestos.
Civale pone un ejemplo:

“Imagínate: yo soy una trabajadora en negro (ilegal, sin contrato), gano 500 euros de los que mi empleador no paga un solo impuesto al Estado, pero yo pago mi alquiler en blanco, la compra del supermercado la hago con impuestos, todo lo que adquiero es en blanco. Entonces ¿ves?, es perfecto. Pregúntate quién se está enriqueciendo con ese blanqueo de dinero y quién encubre este crimen que es esclavizar al emigrante”.

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