Martes 05 de octubre del 2004 Cartas al Director

¿Quién nos dará el tren?

Meses atrás escribí otra carta sobre la posibilidad de que si algún día podremos volver a tener un ferrocarril en la ruta Guayaquil-península de Santa Elena, con los debidos beneficios que esta generaría.

Sostenía en mis argumentos que las autoridades seccionales o nacionales estaban en la obligación moral de apoyar este viejo anhelo de los peninsulares. Ha pasado el tiempo y no recibe respuesta este clamor. ¿Será ineptitud, quemeimportismo? Solo Dios lo sabe.

Semanas atrás, en Guayaquil se realizó un foro sobre la rehabilitación del ferrocarril en sus rutas originales (Durán-Ibarra-San Lorenzo) es decir, tal como lo construyó el general Eloy Alfaro hace décadas. Es necesario aclarar que la península de Santa Elena también contó con este servicio 50 años atrás.

Asistieron alcaldes de las ciudades por donde pasa el ferrocarril, autoridades de turismo y de la Empresa Nacional de Ferrocarriles el Ecuador (ENFE). Se notó el interés de las autoridades municipales en procurar su pronta rehabilitación. En sus exposiciones fílmicas se apreciparon las bondades y beneficios que el ferrocarril representa y exigieron su rápida ejecución.

Al consultar si la ruta Guayaquil-península de Santa Elena estaba incluida en sus planes, se me manifestó que no, porque ninguna autoridad seccional había presentado un proyecto con su respectivo financiamiento, pero que estaban prestos para receptar un pedido formal.

Nunca es tarde para comenzar, por eso  vuelvo a exhortar que se considere prioritario este tema. Esta es una de las razones de por qué hace falta en Santa Elena una junta cívica legalmente constituida para que defienda y coordine planes de gran importancia para el futuro promisorio que aún no llega. El ferrocarril no debe morir.

Enrique Rosales Ortega
Santa Elena

En mi provincia natal, el presidente Gutiérrez ofreció la rehabilitación ferroviaria. Crédulo –con discreción– felicito por este nuevo sortilegio.

Reconstruir la obra titánica del general Eloy Alfaro justificaría la presencia de cualquiera en la Presidencia de la República.

Si la promesa no es ilusa, el mandatario pasaría a la historia con bombos y platillos, con cuyes y banda mocha. El altiplano se vestiría de gala con poncho de mil colores; el turismo le sacaría la madre a la corrupción petrolera; el país volvería a  nacer como Estado soberano.

Como estímulo a la oferta sugestiva del Coronel, le consigno la siguiente referencia: el transiberiano ruso, de Moscú a Vladivostok (1891-1903), de 9.288 kilómetros, fue la obra milenaria del zarismo soviético. Cinco millones de rusos emigraron a Siberia en el transiberiano. Cinco semanas demora el recorrido de punta a punta. En Ecuador, la rehabilitación ferroviaria equivale a una mano de gato sin uñas largas. ¡Querer es poder, coronel Gutiérrez.
Cumpla, no se retracte!

Hugo Puente Jaramillo
Quito

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