Miércoles 18 de agosto del 2004 Cartas al Director

En busca de un presidente II

Es lamentable conocer cómo se reparten nuestro dinero, sí señor Presidente, el que pagamos todos los días con nuestro trabajo; el  que genera nuestro país con el único recurso al que usted presta mediana atención: el petróleo.

No olvide también el dinero que pagamos, que visto desde su margen “nos subsidia”, en la energía eléctrica y el gas, pero sin duda es lo contrario; nosotros subsidiamos sus ineficientes y costosas administraciones.

Adicionalmente, el dinero que pagamos a organismos mal llamados autónomos, que no producen nada y son caros. Más lamentable aún es conocer que funcionarios públicos, con excepciones contadas con los dedos, son una lista interminable de gente sin experiencia y preparación para ejercer cargos que les han caído de la noche a la mañana. Un gran regalo del Presidente.

Cuando nuestro pueblo votó, sin mayores alternativas, nunca imaginó que parentelas ascenderían y que todos iban a ser beneficiados. Además de asesores técnicos, financieros, comerciales, asistentes, secretarias, choferes, mensajeros. Multipliquen, son decenas de miles de gente.

Sin olvidar los beneficios adicionales al sueldo, horas extras, subsidios ..., que lo duplican o triplican.

Y no está por demás recordarle al mandatario sus comodidades que también pagamos nosotros: autos, muebles de lujo, eventos... Nuestro pueblo está sufriendo mal alimentado, inseguro, enfermo, sin educación, está emigrando, señor Presidente. Los valores, los cerebros, la juventud, los empresarios, los profesionales se están retirando de este país.

Ya no existe en nuestro país el crecimiento, la inversión, el ahorro, la producción, la agricultura, la manufactura y la industria que algún momento nos dieron el nombre y el orgullo.

¡Qué lástima, señor Presidente, que no se apiade de este país al que llama suyo! Le solicito una cosa: no nos llame su pueblo. Váyase con toda su gente. Ya hizo historia; ella ya lo juzgó.

Xavier G. Rosas
Guayaquil


Cuántos de nosotros, sin lugar a dudas muchos, en algún momento han pifiado a alguien; por ejemplo, cuando han asistido a una presentación, evento.., ya sea porque la calidad del espectáculo no fue la que esperaban, porque no fue bien organizado...

Por supuesto, esa es la forma más simple y explícita de expresar un rechazo, una total desaprobación a la actuación de los participantes en el escenario. Y hablando de escenario, no se puede dejar de lado al político, y en este, a cada uno de sus integrantes que deben jugar muy bien su papel.

Obviamente esa línea de gobierno no es la que predomina, y más bien, es muy difícil de encontrar; peor aún, en determinadas personas que tienen a su cargo grandes responsabilidades.

Pero la única manera, no solo de los participantes en el ámbito político, de no recibir un rechazo, obviamente es estar acompañado de sabiduría, preparación, personalidad, capacidad moral...; ya que el respeto hay que ganárselo.

Ciertamente, la conclusión es la misma: hay quemeimportismo a las justas aspiraciones de sus conciudadanos.

¿Será acaso que los “espectadores” podrían también tomar decisiones, de manera que soliciten la destitución de esos “actores”?, así como ha sucedido en unos últimos con el presidente Lucio Gutiérrez, por ejemplo, en vez de tomarlo como acto de contrición, de mea culpa; pero, indiscutiblemente, ciega el poder, más aún, si no está acompañado de los elementos  señalados.

Carlos Cornejo Rossignoli
Guayaquil

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