Martes 30 de marzo del 2004 Música

Mercedes Sosa, la voz de América Latina

redactor | Francisco Santana

Leyendas de la música

Empezó a cantar hace mucho. Dicen los atrevidos, que antes de nacer; porque su canto es pueblo, rebelión y tierra mestiza. Por eso es que la Negra –como la llaman cariñosamente– se ha quedado enganchada en todas las memorias. ¿Quién lo niega? Lo cierto es que Haydeé Mercedes Sosa se atrevió cuando tenía 15 años, un lejano octubre de 1950, escondida tras el seudónimo de Gladys Osorio, en un concurso radial en su natal San Miguel de Tucumán, y después solita se hizo leyenda.

Nació un 9 de julio, la misma fecha y en la ciudad en que Argentina (1816) declaró su independencia. Creció en un hogar humilde y apegado a las expresiones artísticas populares, tanto, que llegó a ser profesora de danzas folclóricas.

Junto con su esposo, Manuel Óscar Matus, y otros artistas integró el movimiento del Nuevo Cancionero en la ciudad de Mendoza que buscaba rescatar la raíces nativas y el folclore. Con su marido realizaron conciertos en la universidad y otros escenarios como en el Festival de Cosquín, donde ella obtuvo el reconocimiento del público argentino.

Ese mismo año, 1965, editó en un sello independiente el primer disco que se llamó Canciones con fundamento, y en 1966 presentó Yo no canto por cantar, que contenía entre otros, Canción del derrumbe indio, Canción para mi América y *Zamba para no morir. Ese fue su álbum debut con la disquera Polygram, (Universal), única compañía con la que ha grabado desde entonces.

Primeros viajes y censura
Debido a la aceptación de este disco, siete meses después apareció Hermano, y luego, a fines de 1967, entregó el tercero, Para cantarle a mi gente. Antes de este material se embarcó en una gira que la llevó desde Estados Unidos por algunas ciudades de Europa y parte de Rusia. Visitó Miami, Lisboa, Porto, Roma, Varsovia, Leningrado, Kislovo, Sochi, Gagri, Bakú y Tiflis.

Mercedes Sosa se convirtió en una voz decidida y poderosa, portadora de reclamos y mensajes en donde muchos se sentían identificados. Empezó a ser un nombre importante en la música popular, en la Nueva Canción latinoamericana, tratando  de imponer otro concepto, algo diferente en el arte de América Latina.

La atención de los medios de comunicación y el impacto que logró con sus primeros éxitos no gustó a los militares, que por entonces gobernaban en Argentina. Se volvió algo incómodo y empezaron a censurarla en las radios oficiales.

Hasta 1969 editó una recopilación que llamó Zamba para no morir, siguió Con sabor a Mercedes Sosa y fue la voz de Mujeres argentinas, obra de Ariel Ramírez, el compositor de Misa Criolla, a quien conoció en su primera gira.

Le siguieron El grito de la tierra y Navidad con Mercedes Sosa (1970). Hizo algo de cine y al año siguiente presentó La voz de Mercedes Sosa y Homenaje a Violeta Parra, con temas de la cantante chilena.

Éxitos y exilio
En esos años de militancia produjo joyas como Hasta la Victoria, un disco con canciones cargadas de contenido social y político. Le puso voz a la Cantata Sudamericana de Ariel Ramírez. Atacó con Mercedes Sosa y Traigo un pueblo en mi voz (1973). Ese año Argentina regresó a la democracia. Pero en 1976 los militares dieron otro golpe de Estado, y ella los recibió con Mercedes Sosa, trabajo que contenía temas de los chilenos Víctor Jara y Pablo Neruda, de la peruana Alicia Maguiña y del cubano Bola de Nieve, Ignacio Villa.

Al año siguiente rindió homenaje al más reconocido folclorista de su país, con Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui, pero aquellos no eran tiempos de sonrisas, como dicen los argentinos, con los militares en el poder. Por eso publicó Serenata para la tierra de uno  (1979), que según reconoce, es un canto a la vida en medio de la violencia.

Detenida durante un concierto en la ciudad de La Plata junto a 350 espectadores, decidió exiliarse. Vivió en París y en 1980 se instaló en Madrid, desde donde siguió dándole al canto. Podía entrar y salir de Argentina, pero no podía cantar. El silencio impuesto no sirvió. En febrero de 1982, cuando Mercedes Sosa volvió, su cantar derrotó a la represión. La acompañaron todos los argentinos, incluso gente del rock como Charly García.

Su retorno no sirvió de mucho para los violentos. Ese año Argentina murió un poco. La guerra de Las Malvinas, que libró contra Inglaterra la destrozó, pero al menos con la derrota su fue la dictadura.

Luego de tanta muerte y silencio, publicó Como un pájaro libre y Mercedes Sosa (1983), de donde se desprenden La maza y Unicornio, del cubano Silvio Rodríguez, Inconsciente colectivo de Charly García y María María. En 1984 lanzó su gran trabajo, ¿Será posible el sur? Y en 1985, Vengo a ofrecer mi corazón, tema de Fito Páez, que contenía Razón de vivir y Madre de madres de Víctor Heredia.

En una temporada bárbara y de poco descanso, que incluyeron 25 presentaciones en Brasil, editó Mercedes Sosa’86, seguido de Mercedes Sosa’87, donde participaron Pablo Milanés, Teresa Parodi, Víctor Heredia y Fito Páez. Amigos míos (88) con Milton Nascimento, Raimundo Fagner y otros cantantes.

En el 1990 apareció Mercedes Sosa en vivo en Europa, producto de sus giras anteriores. El 20 de diciembre de 1991, se presentó en el estadio de Ferro Carril Oeste en Argentina, donde la vieron y escucharon 15.000 personas. Esa vez la acompañaron Fito Páez, Julia Zenko, Nito Mestre, Piero, los Illya Kuryaki, León Gieco, Charly García, Víctor Heredia y más que deseaban estar junto a ella.

A pesar del tiempo que se fue y los más de 30 años de Mercedes por el canto, ella sigue poniendo la cara y el pecho. Intentando con su voz la posibilidad de algo mejor.

Quedan muchos títulos y tantos  éxitos como Alfonsina, Canción con todos, La Cigarra, El tiempo Pasa, Soy pan, Soy paz, soy más. Quedan su concierto en Ecuador denominado Todas las Voces, Todas, y también la vida que nos regaló su arte.

ACORDES
Aparte de cantar ha participado en algunas películas del cine argentino como El Santo de la Espada, Guemes (La tierra en armas) y El verano del potro.

A fines de julio de 1989 recibió de manos de Pierre Décamps, embajador de Francia en la Argentina, la medalla de la Orden del Comendador de las Artes y las Letras, otorgado por el Ministerio de la Cultura de la República Francesa.

Se ha presentado en importantes escenarios tales como el Contcergebouw, de Amsterdam, Lincoln Center y el Carnegie Hall, de Nueva York, donde su actuación fue saludada con una ovación de diez minutos.

Entre sus distinciones constan, el Gran Premio CAMU-Unesco 1995; el Premio de la Unifem, organismo de las Naciones Unidas; la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, la Medalla al Mérito Cultural del Ecuador, la Placa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú.

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