Miércoles 14 de enero del 2004 Política

La ruptura con los movimientos sociales

Redactora | Silvia Coello

En su primer año, Gutiérrez se acercó a la partidocracia

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QUITO.– Diciembre del 2002. Antes de asumir el poder, Lucio Gutiérrez junto a Miguel Lluco (i), de Pachakutik y Leonidas Iza, de la Conaie. Hoy ya no son aliados.

Casi al primer año de gobierno del coronel Lucio Gutiérrez, organizaciones sociales y algunas indígenas, que lo apoyaron para llegar al poder, protestan contra la gestión del régimen.

En campaña, Gutiérrez pregonó que parte de la renovación que proponía al país consistía en estar cerca de los movimientos sociales, en especial los indígenas, y lejos de los partidos porque los asociaba a la corrupción y a la inestabilidad del país.

Así, llegó al poder con el apoyo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie); su brazo político, el movimiento Pachakutik y de organizaciones –de sindicalistas, campesinos, gremios profesionales, de estudiantes, etc.,– que agrupa la Coordinadora de Movimientos Sociales (CMS).

Sin embargo, en diciembre, antes de posesionarse se dieron los primeros indicios de lo que sería la relación entre el Gobierno y los sectores sociales que lo apoyaron, cuando Gutiérrez nombró a personas vinculadas a la banca privada y a sectores empresariales en su gabinete ministerial.

El acuerdo del régimen con el Fondo Monetario Internacional (FMI), firmado en febrero, aumentó las tensiones con sus aliados políticos y los sectores sociales, que empezaron a presionar para que el ministro de Economía, Mauricio Pozo, saliera del cargo.

Ante las críticas de que el Gobierno se estaba “derechizando”, Gutiérrez prometió a sus aliados buscar correctivos para hacer un gobierno de carácter social.

En tanto, en sectores políticos y sociales se comentaba que la postergación de la consulta popular respondía a un acuerdo político entre el Gobierno y el Partido Social Cristiano (PSC), después de una reunión que mantuvieron Gutiérrez y el líder de ese partido, León Febres-Cordero.

En abril, la Conaie y Pachakutik condicionaron su alianza con el Gobierno y pidieron participar en las decisiones políticas y económicas.

A fines de ese mes, la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari) y la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (Fenocin) resolvieron oponerse a la gestión de Gutiérrez por no cumplir con las ofertas de campaña.

En julio, el Movimiento Popular Democrático (MPD) se retiró de la coalición gobernante.

A inicios de agosto, Gutiérrez advirtió a Pachakutik que debía alinearse con la posición del Gobierno o la alianza terminaba, pero los diputados del movimiento votaron en contra de la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa.

Casi simultáneamente el Gobierno y la Conaie, por separado, anunciaron la ruptura de la alianza y con ella, otras organizaciones sociales también se alejaron del gobierno.

Un día después de la ruptura, el presidente Lucio Gutiérrez expresó que buscaría acuerdos con los partidos tradicionales, “más allá que sean de izquierda o derecha”.

Desde entonces el partido gobiernista, Sociedad Patriótica, y el propio Presidente de la República, no han cejado en su empeño de conseguir una mayoría parlamentaria con los partidos Social Cristiano, Roldosista, Prian e independientes.

Paralelamente, el Mandatario recorrió comunidades indígenas regalando picos y palas, lo que fue denunciado por la Conaie como una estrategia para intentar una división del movimiento indígena.

Gutiérrez utilizó al conjunto de movimientos sociales para llegar al poder, coinciden Leonidas Iza, de la Conaie, y Pablo Iturralde, de la CMS.

A raíz de la ruptura de la alianza, analistas opinaron que Gutiérrez y su grupo de Sociedad Patriótica siempre tuvieron un tendencia neopopulista, donde era muy difícil mezclar “el agua y el aceite” y que por ello, desde que se planteó el triunfo comenzaron los conflictos con su aliado e inclusive no hubo posibilidad de que se pusieran de acuerdo en un plan de trabajo.

Se señaló además que la presencia de los indígenas y algunos movimientos sociales en el Gobierno eran un obstáculo para lo que Gutiérrez pensaba y quería hacer, “que era lo que decidía el ministro de Economía, Mauricio Pozo”, según dijo Julio César Trujillo, ex candidato presidencial y cercano al movimiento indígena.

El analista Alfonso Oramas considera, en cambio, que el ejercicio político no es posible solamente a base de los vínculos con los movimientos sociales, excluyendo a los partidos. “Lo de la antipartidocracia sonaba bien en campaña, pero resulta difícil en un país en el cual los partidos políticos tradicionales siguen manteniendo una composición de fuerzas bastante homogénea al interior de las otras funciones del Estado”, opina.

Ellos (Pachakutik, Conaie) tuvieron espacios importantes en el Gobierno, simplemente se fueron porque querían más (espacios), asegura Felipe Mantilla, ex ministro de Gobierno y actual gobernador del Guayas.

La realidad, durante el primer año de gobierno, ha terminado pasándole la factura al presidente Gutiérrez y a los sectores sociales e indígenas, sostiene el analista Eduardo Castillo.

A Gutiérrez, porque al no tener una base política propia, mucho antes de que lo abandonaran los indígenas y movimientos sociales, tuvo que comenzar a gobernar con otras personas; y a las organizaciones sociales e indígenas, la realidad les demostró que no había llegado aún el momento de gobernar.
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