Domingo 29 de junio del 2003 El Gran Guayaquil

El río observado por ojos de niños

Editor | Francisco Santana

Guayaquil escondido

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Génesis Castillo, Ivanna Paguay, Marcos Arias y Katty Canchala junto a otros compañeros de la Unidad Educativa Alborada navegaron por primera vez sobre el río Guayas.

Virgilio Maquilón, maquinista de la lancha Cañari, enciende los motores, esta se empieza a mover lentamente y enseguida se escuchan las voces y risas de los niños. El ruido de sus correrías por los pasillos crece y se confunde con el del cuarto de máquinas.

El viento en sus rostros y el río, eterno compañero de la ciudad. Queda atrás el muelle frente a la terminal terrestre y la aventura de la navegación se viene. Guayaquil también debe mirarse desde el agua.

Ver cuando se unen el Daule con el Babahoyo en el sector de La Puntilla y forman el río Guayas, será la primera vez para los alumnos de la Unidad Educativa Alborada.

No hay sol y el cielo tiene un tono gris, como sucio, con el viento se siente un poco de frío, algunos se abrigan apurados pero felices. Domenicka Izurieta, de 7 años, estudiante del 3º básico, vino acompañada de su abuelita Celia, para quien también es la primera vez que navega por el inmenso Guayas.

Ambas coinciden en que el paseo es muy bonito y no tienen miedo por la travesía cuando la embarcación cruza bajo el puente Rafael Mendoza Avilés.

Frank Yance, coordinador de los viajes, que ahora son manejados por Transportes Navieros Ecuatorianos (Transnave), al pasar por la antigua cervecería trae a la memoria un cuento viejo o leyenda, como se prefiera. Dice que siempre se forma un remolino junto a la construcción. “Ahí fue donde se suicidó el cacique Huancavilca”, sentencia.

El río sigue. Pasa la casa donde vivió Antonio Neumane, creador de la música de nuestro Himno Nacional. El cerro Santa Ana, ahora lleno de casas multicolores. Las Peñas. Es otra visión de la ciudad, la parte que solo es posible observar desde el agua.

La lancha Cañari tiene capacidad para 230 niños y por ahí andan sueltos, escapando de padres y profesores, corriendo, jugando, sonriendo con golosinas en las manos, persiguiendo al fotógrafo para conseguir una toma. Inventando y viviendo sus vidas de niños. Tiernos.

El programa de navegación cultural y reconocimiento del lugar natal por las aguas del río Guayas cuesta $ 1,00 por persona. Las naves Huancavilca, Cañari, Valdivia y Yasuní fueron entregadas en concesión a la empresa Transnave, quien se encarga de los paseos, viajes fletados a Puná y las chivas acuáticas.

Pasa el Malecón 2000 y junto a él la Fragata Guayas, más allá la Torre Morisca y su reloj, con su historia sobre cuando fue vendida a unos turistas extranjeros por Sigifredo Dante Reyes, conocido como El Cuentero de Muisne.

Los niños se vienen en tropel cuando la lancha vira frente a la Primera Zona Naval, por ahí se ven los galpones de Astilleros Navales Ecuatorianos (Astinave) donde se construyó la Cañari. Denis Vargas, de 6 años, que estudia 2º básico, dice que no está mareado y que quiere regresar otro día para repetir el paseo.

Con él aparecen todos, Ernesto Jaramillo, Bryan Calderón, Kevin Gill, Angélica Ayala, Tanya y Leonela Aguilar, Geovanny Silva, que vino con su abuelito Rafael Ruiz, Sara y su hermana María José Flores, todos quieren recordar este día como algo único.

Para Sandra Torres (33), profesora de 4º básico, el paseo es bonito e interesante, aunque los niños le dan bastante trabajo. Recomienda que todas las escuelas lo realicen ya que es una forma diferente de conocer la ciudad.

Al volver al muelle de la terminal, Blanca Moreno, Héctor Reyes y Fabio Bejarano se toman una fotografía con el malecón al fondo. Blanca manifiesta que es la primera vez que viene a Guayaquil, le encanta. El viaje por el río le parece hermoso. “Quisiera tener más dinero para traer a toda mi familia”, reflexiona.

Lo dicen otros. Guayaquil y los encantos de su río aguardan por usted.
El Gran Guayaquil

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