Jueves 15 de agosto del 2002 Deportes

Ítalo Estupiñán, un grande que asombró

Especial para EL UNIVERSO | Por: Jorge Barraza

Pese a que en Ecuador casi nadie lo recuerda, el goleador fue un grande.

Entre Alberto Spencer, pionero que abrió la huella, y Álex Aguinaga, otro ecuatoriano que la ensanchó triunfando verdaderamente en el extranjero, hay un eslabón perdido, al menos en la memoria colectiva de los hinchas. Está justo en el medio de ambos, aunque escondido en el reconocimiento popular. Es Ítalo Estupiñán, centro delantero felino que brilló en el Toluca, el América y el Puebla y se afincó definitivamente en la tierra de Pedro Páramo.

Ítalo sabe que es un capítulo olvidado o no debidamente reconocido en su país.
– Cuando estuve en Ecuador, hace unos tres años, se hizo una encuesta sobre los mejores futbolistas ecuatorianos de la historia y muchos nombraban a Alberto (Spencer), por supuesto. Pero también se votaba a Bolaños, a Polo Carrera, Aguinaga y hasta a Kaviedes. Nadie me mencionó a mí.

 Parece un poco dolido...
– Y, me pareció injusto. Yo fui un embajador de mi país. Cuando llegué a México, no sé si para burlarse o para qué, todos preguntaban “¿Ecuador..., dónde queda?”. Años después, ante la llegada de algún compatriota, decían “viene de la tierra de Estupiñán”. Fui el primer ecuatoriano en llegar a México y le abrí el camino a los que vinieron detrás. Eso me pone muy orgulloso. Además, todo lo logré por mi esfuerzo, nadie me regaló nada.

Pero México no lo olvida, no. Hace unos días la revista Soccermania, del grupo Televisa, le dedicó un bonito reportaje titulado ‘Los cuentos del Gato Salvaje’, pues así lo tildaban en sus buenas épocas. Lo califican allí de haber sido “un delantero temible”.

– Honestamente, de salvaje no tengo nada, pero sí era un gato jugando. Tenía mucha velocidad, potencia y buen salto. No como Spencer, pero hice cantidad de goles de cabeza. Me faltó técnica, aunque la suplía con rapidez, y era buen rebotero en el área.

 ¿Cuántos goles marcó en su campaña?
– Sinceramente no lo sé, pero siempre hice goles. Salvo una temporada floja que tuve en el Puebla, en que anoté solo 7, nunca bajé de 18 o 20.

A lo largo de la charla surge una y otra vez el nombre de Spencer.
– Alberto fue mi inspiración en el fútbol. Y tuve la fortuna de jugar con él en la Minicopa de Brasil. El DT a él no se atrevía a sacarlo, pero tampoco me quería dejar a mí afuera así que me incluyó como extremo izquierdo, pero  me puso.

Ocho años en el fútbol mexicano lo marcaron para siempre. Estupiñán vive en el Distrito Federal y trabaja como coordinador deportivo en el municipio de Iixtlahuaca. Ahora se va a Europa a perfeccionarse.

– Tengo el diploma de entrenador y me voy a Holanda y a España a observar métodos de entrenamiento y de administración. Me han dicho que la escuela formativa del Ajax es realmente extraordinaria y deseo enriquecerme. Nunca quise ser empresario. Una vez recomendé a dos muchachos esmeraldeños aquí en México, pero más por ayudar al jugador  que por dinero.

Ítalo llegó al país azteca en 1974 y en 1975 obtuvo el premio Citlalli al Mejor Futbolista del Año. Fue campeón con el Toluca y más tarde con el Puebla, y ganó la Copa Interamericana con el América.
– En el Toluca tuve la suerte de marcar con un cabezazo el gol del triunfo en la final, que le ganamos 1-0 al León. Ganarles fue realmente una proeza porque tenían un equipo fuera de serie, con los argentinos Salomone y Batocletti, el uruguayo Mantegazza...

 ¿Y en Puebla?
– De ese título recuerdo siempre que Manolo Lapuente (luego un consagrado técnico de la selección mexicana) hacía su debut en el banquillo. Y con América le ganamos aquella famosa Interamericana a Boca Jrs., con gol del chileno Carlos Pata Bendita Reinoso. Allí sí que teníamos un equipazo. Estaban el brasileño Dirceu, Reinoso, el paraguayo Hugo Kiese, todas estrellas.
El moreno de Esmeraldas tiene un hijo ecuatoriano de 26 años y dos niños mexicanos –gemelos– de apenas 7.

 ¿Le siguen sus pasos?
– Quién sabe... Esto no se hereda. A mí se me dio porque sí, nadie en mi familia jugaba. En cambio yo soñaba con ser profesional. Crecí en la ensoñación que traía la radio, escuchando a los narradores gritar que el balón le sacaba pintura al travesaño cuando en realidad había pasado a 5 metros por arriba. Ellos le ponían sabor y pimienta a los juegos. Así vivía mi infancia, acompañado por la voz de la radio y con mis padres tildándome de vago, porque jugaba al fútbol todo el día en la plaza.

Luce una figura impecable y dice que mantiene prácticamente las medidas de su época de jugador.
– Medía 1,78 y pesaba 75 kilos. Era pura potencia. Si me querían ganar a la brava estaban perdidos. En cambio un brasileño del equipo Monterrey, Guarací Barbosa, me pegaba una patada y me anulaba por completo, era un crack el hombre.

 Suponemos que tendrá una asignatura pendiente.

– Seguro, no haber jugado un Mundial.
 En su época no era fácil...

– No, sobraban buenos jugadores, faltaba mentalidad. Sin querer herir a nadie, en mi época había buenos, muy buenos elementos, mejores que los de ahora, pero íbamos a las eliminatorias y se decía: “Huuyy, hay que jugar contra Brasil...”. Si le empatábamos a Argentina era una fiesta.

Este es el gran mérito del señor (Hernán Darío) Gómez, haber cambiado la mentalidad del jugador ecuatoriano. Creo que esto empezó con Draskovic, pero Gómez lo potenció, pulió y sacó lo mejor de cada jugador. Y también hay otro factor, que el fútbol se ha nivelado en todo el mundo.

Usted comenzó en el Macará de Ambato. Dos años le bastaron para ser reconocido y llegar a la selección.

– En realidad me fui a probar al Aucas, pero un entrenador paraguayo, Barreiro creo que se llamaba, me rechazó. “Oiga, chiquito, el fútbol es para hombres, vaya a criarse a los senos de su madre”. Pero a los 17 años debuté en primera en el Macará.

Mi mejor momento, sin embargo, fue en El Nacional, con el que jugué dos Copas Libertadores de América. Y aquí en México, claro. Aquí sabían bien quién era yo, porque arranqué ganando 12.500 dólares mensuales. ¡En 1974! En los tiempos actuales, el club Toluca no hubiera podido pagar mi pase.
Quienes lo vieron jugar no lo dudan: fue un grande del fútbol. Así lo recuerda México. ¿Y Ecuador?

Muy Personal

Nació: 1 de enero de 1952 en Esmeraldas.
Puesto: centrodelantero
Trayectoria: 1970-72 Macará 
1972-74 El Nacional
1974-77 Toluca
1977-79 América
1979-80 Universidad Católica (Quito)
1980-81 Atletas Campesinos (un club nuevo de México que subió ese año)
1981-83 Puebla
1986 Emelec
Campeón mexicano con Toluca y Puebla.
Campeón Copa Interamericana con América. Citlalli de Oro 1975.

Deportes

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.