Viernes 02 de agosto del 2002 Cultura

Virgilio Valero, un decorador que trascendió al arte

Redactora | Mildred Wiesner

“Una obra de teatro no sería tal si no la representa alguien, porque su recurso principal es el actor y para mí lo importante es interpretar personajes”, dice el director escénico, actor y escritor, Virgilio Antonio Valero Montalván, quien realizará el estreno de la obra El mandamás el próximo domingo, a las 11h00, en el Teatro Experimental del Centro de Arte.

Su inmersión en estos géneros artísticos surgió de su deseo de ejercer práctica en decoración de interiores, carrera de la que se graduó en 1982. Comenzó como asistente de producción en Ecuavisa y simultáneamente perteneció al grupo de teatro universitario en la Católica, que dirigía Ernesto Suárez. Luego asumió la conducción de ese colectivo.

Durante su permanencia en él, expandió sus aptitudes y realizó versiones libres de obras de reconocidos autores. La primera fue El médico a palos, de Molière. De su primera actuación, en El inversionista, de Augusto Boal, recuerda que al culminar su presentación y salir del escenario, escuchó los aplausos y empezó a gritar. Sus amigos le pidieron que bajara el tono de voz porque el público podía escucharlo, él hizo caso.

De su incursión en la actuación también se derivó su gusto por la docencia. Lleva 17 años como profesor en la Escuela de Pedagogía de la Universidad Católica y da clases en la Escuela de Artes de la Universidad Espíritu Santo.

En 1987 formó el Teatro Ensayo Gestus. Entre las obras que presentó con este grupo constan El más extraño idilio, Colorín colorado, Q.E.P.D, Geppetto, Tal vez soñar, Un día en el reino de Bambina y La planta de cuadernos. Desde hace tres años trabaja en sociedad con Teatro Experimental Guayaquil, que dirige Marina Salvarezza. El nombre que se deriva de la unión laboral de los dos colectivos es TEG + TEG.

Participó en 1990 en la película nacional La Tigra, de Camilo Luzuriaga. Intervino en varios capítulos de ‘De la vida real’ y ahora es director escénico de este programa.

Desde 1996 el director, de 43 años, vive en un apartamento, que inicialmente sirvió de escenario para practicar las obras que presentaba. Después lo adecuó a su gusto. Con él, vive el actor cubano Bernardo Menéndez, quien cocina porque Toño –como le dice su familia– no sabe hacerlo. Sin embargo, lava platos y arregla la casa porque es muy ordenado.

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