Leticia Morán tiene más de 7 décadas tejiendo las hamacas de paja

Con una aguja de madera de unos 50 centímetros de largo y 2 de diámetro, Leticia Morán Salazar, de 75 años, demuestra destreza para entrelazar hilachas de paja. Lo hace con fuerza, rapidez y habilidad. Con cada giro de la aguja traza pequeñas cuadrículas que son la base de una hamaca.

Ella dice que teje desde que tenía 10 años y que el oficio lo aprendió de su madre, a la que ayudaba a torcer la paja para darle una forma circular, similar al hilo. Trabaja con paja de mocora, un material resistente traído desde Manabí.

En su niñez las manos se fueron adaptando a este material áspero, que con esfuerzo y en unos quince días lo convierte en una hamaca resistente para descansar y que dura unos cinco años, si se lo cuida, asegura.

Es por su trabajo artesanal que Leticia es conocida en su natal Lomas de Sargentillo, como en otros cantones del Guayas y de Manabí.

Este oficio se realiza de pie y lejos de quejarse por tener que permanecer en esa postura, ella afirma sentirse satisfecha porque este oficio subsiste en su cantón.

Leticia es alegre, positiva y expresa amor por lo que hace. Estas cualidades y su perseverancia la ayudaron a salir adelante, remarca.

Recuerda que al casarse, a los 22 años, se dedicó a su hogar y dejó a un lado las agujas. Tejía muy poco, evoca. Pero quince años después, al terminar la relación marital, retomó esta actividad para sacar adelante a sus cinco hijos.

Debido a las necesidades económicas que atraviesa, Leticia no se ha quedado con una hamaca. Las que ha tejido para ella las ha tenido que vender para cubrir sus necesidades. “Tejer me entretiene, me tiene activa y feliz trabajando”, dice Leticia, quien muestra con orgullo el único cuadro que está en la pared de la sala de su casa. Es una placa de reconocimiento por su labor, que le entregó el Municipio en el 2012.

Su casa es su taller. En la sala, cuatro cañas forman los pilares de un cuadrado y dos más están transversalmente. Entre ambas bases, Leticia fija su primera hilera de paja para tejer.

Para una hamaca, ella utiliza un paquete de diez libras de paja. Pero para confeccionar una necesita entre 20 y 25 libras, dependiendo el tamaño.

En sus inicios, rememora, las hamacas las hacían de tres yardas de largo. Ahora, de dos metros. “Y aquí seguiré, tejiendo hasta los últimos días de mi vida y aliento”, dice sonriente. (I)

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