Altares afrodescendientes en Azuay

Recordar a los muertos es un ritual diario de las comunidades afrodescendientes, que en sus hogares construyen altares ricos en expresiones vivenciales, con la representación de los dioses que forman parte de su espiritualidad y elementos que les conectan con lo cotidiano.

Lamentablemente, esta riqueza cultural y espiritual no forma parte de las comunidades afrodescendientes en el Ecuador, por lo que uno de los objetivos del Movimiento Afro Libre del Azuay es recuperar todas las expresiones que aún se mantienen en países africanos, americanos y del Caribe para incorporarlas y fortalecer su identidad.

“En occidente, la espiritualidad que llegó con el pueblo negro desde África no fue considerada sacra; se encontró en la sincretización del espacio para que hoy sea valorada”, dijo Mama Yama, lidereza del movimiento azuayo y sanadora afrodescendiente.

Para esta representante de la cultura que luchó por su libertad en América, la espiritualidad para el pueblo afroazuayo es muy compleja, porque por un lado causa miedo, ya que todas sus prácticas se han vinculado con ciencias ocultas y otros estereotipos; pero también genera atracción, ya que permite la identificación con las raíces de los pueblos que hoy forman parte de la sociedad azuaya.

“Ahí nace un sincretismo interesante donde conviven los orishas (afros) y los pachamamas (indígenas) y esa es nuestra riqueza en el ejercicio de la interculturalidad”, dijo.

Para cumplir con el objetivo, el movimiento levantó una muestra con altares representativos de la cultura negra, en la Casa de Chaguarchimbana, una casona patrimonial restaurada, al final de la calle de la Herrería, cerca de la confluencia de los ríos Yanuncay y Tomebamba.

Todos estos aspectos históricos y geográficos no son mera casualidad. Son elementos que se articulan con la espiritualidad afro, ya que cada una de las deidades de su cosmovisión se relacionan con el agua, el fuego, el aire y la vida en general, explicó Marisol Cárdenas, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Educación, curadora de la muestra.

Berta Cáceres, ecologista hondureña que luchó para evitar la contaminación de los ríos de los pueblos Arenca, mereció un altar; otro fue para un cuarteto de mujeres negras ecuatorianas olvidadas por la historia como son Martina Carrillo, lidereza de El Juncal; María Chiquinquirá, que luchó en la independencia de Quito; y Naihan y Jonatan, que son consideradas referentes del espíritu liberador de Manuela Saénz.

Pero también hay otros que representan el diario vivir de los afrodescendientes, elaborados con semillas; instrumentos musicales; telas pintadas, flechas o simplemente piedras. (I)

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