El evangelio de hoy (20 de noviembre de 2016)

#1
Lectura del segundo libro de Samuel (5, 1-3)

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David, de la tribu de Judá, y le dijeron: “Seamos de tu misma sangre. Ya desde antes, aunque Saúl reinaba sobre nosotros, tú eras el que conducía a Israel, pues ya el Señor te había dicho: ‘Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía’”.

Así pues, los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver a David, rey de Judá. David hizo con ellos un pacto en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de todas las tribus de Israel.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

#2
Lectura de la Carta de san Pablo a los colosenses (1, 12-20)

Hermanos: Demos gracias a Dios Padre, el cual nos ha hecho capaces de participar en la herencia de su pueblo santo, en el Reino de la Luz.

Él nos ha liberado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino del hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención, esto es, el perdón de los pecados.

Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación; porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas, del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sin excluir a los tronos y dominaciones, a los principados y potestades. Todo fue creado por medio de él y para él.

Él existe antes de todas las cosas, y todas tienen su consistencia en él, él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea el principio en todo.

Porque en Dios quiere que en Cristo habitara toda la plenitud y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas del cielo y de la tierra, y darles la paz por medio de su sangre, derramada en la cruz.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Evangelio
Santo Evangelio según san Lucas (23, 35-43)

Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios”. También los soldados se burlaban, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero este ningún mal ha hecho”. Y le dijo a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Él respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Palabra de Dios
Gloria a ti, Señor Jesús

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