Dedicación y cuidado entre cuneros
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Empleados al sacrificio
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El trabajo de cada día
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Por las mañanas es fácil observar los rostros muchas veces tensos y el rictus amargo con el entrecejo fruncido de los cientos de miles de personas que se acomodan como pueden, en las horas pico, en un espacio mínimo entre dos cuerpos o más y buscan un hueco en la metrovía para no pisarse unos a otros mientras se dirigen a sus lugares de trabajo.
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