Mañana se cumple un año de cuando publiqué “Somos momentos”, y hoy, sin haberlo planeado, vuelvo a escribir del mismo tema. Y acaso es consecuencia de esa naturaleza espiritual de los recuerdos, esas ligaduras más fuertes que el acero, esos golpes que como un sello evidencian que en esa existencia hubo/hay vida. Los recuerdos vuelven abalanzándose, siempre. Son los tatuajes del alma.
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Vivo en una de las urbanizaciones de la vía a la costa y con preocupación e impotencia veo cómo se llena nuestro ambiente de humo permanente, a lo que se suma el ruido estridente que se genera todas las semanas y, especialmente, los fines de esta, por los juegos pirotécnicos que por esta zona acostumbran a detonar inmisericordemente.
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