¿Preparados?

Miércoles, 13 de Septiembre, 2017 - 00h07
13 Sep 2017

El azote de huracanes, ciclones, tornados, terremotos, inundaciones, en diferentes partes del mundo: Caribe, México, Estados Unidos, Japón, India, nos tiene sometidos a zozobra, angustia y a algunos a una especie de interés malsano, como quien ve una película que espera tenga un desenlace atroz y finalmente no ha sido así. Sienten que perdieron su tiempo viéndolo en vivo y en directo. Quieren rapidez y cadáveres como si fuera la saga de Rápidos y furiosos. Algunos canales informativos han hecho de la tragedia un espectáculo.

Diferentes interpretaciones y comentarios recorren las redes, que van desde versiones apocalípticas hasta fenómenos que llevan a la sanación del planeta. Pienso y siento que es relativamente fácil dar interpretaciones casi fatalistas que atribuyen a Dios o a alguna purificación kármica lo que sucede cuando no estamos en la debacle, cuando no padecemos la pérdida de familiares, amigos, casa, computadoras, el trabajo, hasta el perro y el gato amados. Ni hablar del sufrimiento de los niños empapados y los pacientes en los hospitales y las madres dando a luz.

Sí, tenemos que ver todos con el maltrato constante a que hemos sometido esta tierra viva en la que estamos y a la que hemos tratado como dueños explotadores que la creían su esclava.

Personalmente me alegro de los avances científicos que permiten conocer mejor lo que sucede y prever lo que puede pasar. Y de las medidas preventivas que se han tomado para hacer frente a desastres. Pero prefiero no dar interpretaciones de lo que me supera, como el sufrimiento del pueblo haitiano, ni mejor ni peor que nosotros y sometido a tantas catástrofes naturales.

Los árboles han aprendido a desarrollar raíces más fuertes y muchas veces entrelazan las suyas con los árboles vecinos para hacer frente a los azotes de vendavales. El más flexible resiste, el más rígido se rompe… Hay árboles que han desarrollado defensas para no quemarse y las hormigas de Hiroshima hacen hormigueros a una profundidad que resistiría otras bombas atómicas. La naturaleza aprende, recuerda y actúa en consecuencia.

El huracán Harvey dejó un aproximado de 75.000 millones de pérdidas en su paso devastador por Texas. Nosotros, según quienes han investigado la corrupción nuestra, criolla, made in Ecuador, perdimos algo así como 6.000 millones por año, en la década pasada. Casi igualamos la devastación de Harvey.

Recién estamos desarrollando como sociedad (a pesar de los vigías que nos advirtieron, como Fernando Villavicencio, la Red Anticorrupción y otros investigadores) anticuerpos… Recién comenzamos a darnos cuenta del desastre, recién salimos del efecto escopolamina colectivo al que nos tenían sometidos.

Hay que hacer frente al destrozo juzgando y llevando a la cárcel a los responsables de la devastación económica y ética, pero también hay que tomar medidas para prevenir tragedias semejantes. Eso requiere cambios sistémicos de fondo, cambios organizacionales y también personales. Una toma de conciencia colectiva frente al peligro.

No se puede, en tema tan complejo, cambiar solo individualmente. Deben cambiar también el contexto, las leyes, la manera de hacer política. No se trata de transformarse en policías que desconfían de todo y vigilan a todos, se trata de tener buenas leyes e instituciones, personas y ciudadanía que asumen cambios personales y colectivos y los cumplen.

La consulta es un primer paso para la reconstrucción. La reparación demanda recuperar los dineros robados. Hay que asentar bien los pilares para sacar adelante el país. (O)

¿Preparados?
El azote de huracanes, ciclones, tornados, terremotos, inundaciones, en diferentes partes del mundo: Caribe, México, Estados Unidos, Japón, India, nos tiene sometidos a zozobra, angustia y a algunos a una especie de interés malsano, como quien ve una película que espera tenga un desenlace atroz y finalmente no ha sido así.
2017-09-13T00:07:04-05:00
El Universo

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