Espanta-inversiones

Martes, 12 de Septiembre, 2017 - 00h07
12 Sep 2017

Óscar A. Del Brutto

Esperpento. Desatino. Verdadero disparate. Eso parece el régimen legal de responsabilidad de los accionistas de compañías en el Ecuador. Un esquema que parece pensado con el objetivo de ahuyentar a la inversión privada.

La regla de responsabilidad limitada de los accionistas es sencilla: la compañía tiene un patrimonio propio distinto al patrimonio de sus accionistas. Los acreedores de la compañía no pueden exigir el pago de sus créditos a los accionistas, y los acreedores de los accionistas no pueden exigir el pago de sus créditos a la compañía. Bajo una regla de responsabilidad limitada, si usted es accionista de una compañía y la compañía quiebra, usted solo pierde lo que aportó a la compañía, pero el resto de su patrimonio personal está a salvo.

En realidad se trata de una regla especialmente importante. Sin esta regla sería imposible explicar el progreso económico del mundo occidental. El comercio marítimo de los europeos con sus colonias durante los siglos XVII y XVIII, las obras de infraestructura en los Estados Unidos durante el siglo XIX, y todos los progresos tecnológicos de los siglos XX y XXI se deben a la regla de responsabilidad limitada. La explicación está en que la regla de responsabilidad limitada permite acumular capital porque disminuye el riesgo de realizar una inversión. El inversionista sabe que si el negocio no va bien lo máximo que va a perder es el aporte que realizó y, además, que puede diluir su riesgo personal diversificando sus inversiones en más compañías. A menor riesgo, mayor inversión.

Pero aquí parece que se han pasado de largo las enseñanzas históricas y las reglas de la lógica. Las reformas a la Ley de Compañías de los años 2009 y 2014 permiten que los acreedores de la compañía demanden el cobro de sus créditos directamente a los accionistas cuando se considere que ha habido “abuso” o “fraude” o “mala fe”.

Pero aquí parece que se han pasado de largo las enseñanzas históricas y las reglas de la lógica. Las reformas a la Ley de Compañías de los años 2009 y 2014 permiten que los acreedores de la compañía demanden el cobro de sus créditos directamente a los accionistas cuando se considere que ha habido “abuso” o “fraude” o “mala fe”. Pero ni la ley ni las cortes han definido qué quieren decir esas palabras. Además, la Ley Orgánica para la Defensa de los Derechos Laborales de 2012 autoriza a cualquier juez de coactiva para demandar directamente a los accionistas por las deudas de la compañía, sin necesidad de un juicio previo en donde se determine si hubo abuso, fraude o mala fe. Así, si usted es accionista de una compañía corre el riesgo de ser demandado personalmente por las deudas de la compañía sin saber exactamente por qué y, si esto ocurre por la vía coactiva, usted solo se entera cuando sus bienes han sido embargados y se la ha prohibido la salida del país, sin que tenga la oportunidad de defenderse primero.

El dinero es cobarde. Un régimen legal que no proteja a los inversionistas, los extingue. En momentos en los que los gobernantes enfatizan la necesidad de atraer inversión, la Ley de Compañías debe reformarse para definir con claridad en qué casos se va a permitir a los acreedores de la compañía dirigir su acción de cobro a los accionistas, y la Ley Orgánica para la Defensa de los Derechos Laborales debe derogarse. (O)

*Profesor de Derecho Corporativo de la UEES.

Espanta-inversiones
Esperpento. Desatino. Verdadero disparate. Eso parece el régimen legal de responsabilidad de los accionistas de compañías en el Ecuador. Un esquema que parece pensado con el objetivo de ahuyentar a la inversión privada.
2017-09-12T00:07:50-05:00
El Universo

Te recomendamos