Tomar nombre de Dios

Sábado, 12 de Agosto, 2017 - 00h00
12 Ago 2017

Nadie ha visto a Dios (Juan 1,18). Las imágenes, que de él se han formado los humanos son numerosas. La cultura grecorromana ha proyectado realidades humanas (guerra, civilización, belleza, sabiduría, justicia) en el nombre de diversos dioses.

Según la cultura hebrea, el nombre indicaba la identidad, lo que es o lo que se quería que llegara a ser. Se toma el nombre para honrar a esa identidad o para parapetarse en ella. El parapetarse en Dios no es nuevo…

A Dios se lo honra, no se lo usa como parapeto de intereses humanos; uno de estos intereses es el aparecer ante el pueblo sencillo como “creyente”.

Entre tantos nombres, los israelitas preguntan: Dios, ¿cuál es tu nombre? Jahveh les pone a reflexionar: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3,14).

Las diversas religiones coinciden en ver a Dios en la imagen de un ser sabio, poderoso benigno o vengativo.

Los apóstoles preguntan (Juan 4,12-13). La Palabra de Dios responde, diciendo dónde lo podemos encontrar: “A Dios nadie lo ha visto... pero, si nos amamos los unos a los otros, Dios vive en nosotros”.

Dios no está lejos del hombre; vive en la persona humana, que ama, que sale de sí misma, para encontrarse con otras personas y realidades. Está lejos de quienes, por libreto o conveniencia, doblegan con la fuerza, verdad y libertad.

Dos enceguecidos por “su” verdad y “su” conveniencia no dialogan, mienten. Felipe pide a Jesús: “Muéstranos a Dios Padre”. Le responde: “Felipe, quien me ve a mí, ve a Dios Padre” (Juan 14,9). ¿Dios hecho hombre? Pues sí. Esa es la verdad fundamental de fe del cristiano.

La revelación del abajamiento de Dios y del encumbramiento del hombre está a la raíz de la identidad de Dios y de los humanos; exige cambios en la vida de los creyentes, cambios frente a Dios y frente al hombre: conociendo y sirviendo al hombre, imagen de Dios, conozco a Dios.

Jesús escoge a Pedro, Santiago y Juan, que lo acompañen a su transfiguración en el Tabor, como testigos de quien es Dios y de quien es el hombre, de la grandeza de la humanidad, asumida por el Hijo de Dios.

Jesús se transfiguró con los signos de Dios. Oyeron la voz de Dios Padre: “Este es mi Hijo”. (Mateo 17,1-9).

Pedro recordaba: “Hablamos no de fábulas, sino como testigos de haber visto y oído la voz de Dios. “Este es mi Hijo” (2- 1,17).

Hijo de Dios, en cuanto hombre, hijo de María. El hombre es imagen de Dios creador. Dios se ha manifestado como hombre. “Felipe, quien me ve a mí, ve a Dios.” Conocer, amar, servir a la humanidad es una forma de honrar a Dios.

Jesús acepta libremente enderezar la humanidad en el yunque de la cruz. Suprimir la libertad responsable es prostituir la palabra amor y con él la humanidad.

Algunos piensan ser “buenos” cristianos solo conociendo y amando a Dios; como si se pudiera conocer y amar a Dios hecho hombre, despreocupándose de las angustias y esperanzas humanas. (O)

Tomar nombre de Dios
Nadie ha visto a Dios (Juan 1,18). Las imágenes, que de él se han formado los humanos son numerosas. La cultura grecorromana ha proyectado realidades humanas (guerra, civilización, belleza, sabiduría, justicia) en el nombre de diversos dioses.
2017-08-12T00:00:16-05:00
El Universo

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