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Nuestros lectores

Me dirijo a ‘nuestros lectores’ porque requiero precisar algunos aspectos. Ya me dirán ustedes –mis lectores– si fue necesario e importante o si lo hice para llenar esta columna, de pronto, carente de un tema de interés colectivo.

Al igual que ustedes, yo soy lector de las páginas de opinión de algunos diarios de Ecuador. EL UNIVERSO y Expreso, de Guayaquil; El Comercio, de Quito, El Tiempo y El Mercurio, de Cuenca, entre otros, publican diariamente más de veinte artículos de opinión, es decir, cada semana se escriben más de cien trabajos sobre temas variados. Somos cerca de cincuenta personas, algunos extranjeros, que tenemos el privilegio de contar, cada semana, con un espacio en la prensa escrita. Imposible leer toda esta abundante producción, porque a más de las páginas de opinión existen otros segmentos que nos interesan, entre ellos, las noticias del país y del mundo. Paso a mencionar qué leo, por qué leo, cuándo lo hago, etcétera. Es posible que coincidamos, me agradaría saberlo.

¿Qué leo? Temas relacionados, de manera especial, con educación, política, literatura, idioma, economía, ética e historia. ¿A quiénes leo? A las personas que se ganaron mi confianza: a educadores que abrieron caminos, a economistas que saben de economía, a gente que ama la buena literatura y nos participa sus hallazgos, a analistas profundos del acontecer nacional (que los tenemos buenos y muchos), a investigadores del comportamiento humano, a filósofos que ven más allá de lo caduco y efímero. ¿Por qué leo? Porque necesito saber, porque me siento una persona incompleta, porque no soy dueño de la verdad, porque el pensamiento ‘del otro’ me enriquece de forma gratuita, porque me encanta conocer criterios diversos, sobre un mismo tema, sustentados con argumentos, en fin, leo porque me gusta leer, porque crecí entre libros y sé que tengo aún mucho que aprender. ¿Cuándo leo? Como jubilado ‘digno’ me encantan las madrugadas, cuando las noticias están ya en los medios digitales, luego de la medianoche. Mi mayor disfrute es manejar el tiempo a mi gusto y talante, pienso que dormir más de cinco horas, a mi edad, es robar tiempo a la vida consciente. A las siete de la mañana, cuando camino mis treinta minutos reglamentarios por las calles, a esa hora, aún no polvorientas de La Milina, tengo muy claro el mundo en que nos despertamos con sus esperanzas y temores, alegrías e incertidumbres.

¿A quiénes ustedes leen, por qué o cuándo lo hacen? Creo haber ya contestado a esta inquietud al responder a las mías. ¿Mis lectores? Quienes desde hace más de cuatro décadas encuentran en esta página comentarios de interés sobre educación, política, turismo, avances o retrocesos de nuestros pueblos, comentarios íntimos con sabor universal, esperanzas y frustraciones, incógnitas existenciales de ayer y de siempre.

Hay lectores que polemizan mis afirmaciones y lo hacen con argumentos que me enriquecen; hay ‘contreras’ de oficio, están en su derecho hasta que no invaden los míos. Quien escribe una columna se coloca conscientemente en una vitrina pública.

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, Miguel de Cervantes Saavedra. (O)

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