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De las elecciones y la 15

Estas últimas semanas han estado marcadas por diversas situaciones que dibujan la agenda política: la corrupción, los comentarios desmedidos de una exjueza que hacen presumir de un entorno poco ético en sectores judiciales y la aparente negligencia frente a todo esto que está pasando.

Aparecen explicaciones demagógicas, surgen decisiones y declaraciones que intentan desviar la atención, y al final del día, pareciera que todo sigue igual.

Olvidamos rápido. Pensamos más en el fútbol que en esas acciones, que por parecer lejanas o ajenas, podríamos creer que no nos afectan.

El filósofo Rafael Echeverría plantea que cada vez somos menos nosotros mismos de lo que usualmente creemos y más el resultado de sistemas sociales que nos constituyen.

Sin embargo, nuestras acciones afectan a esos mismos sistemas que nos constituyen.

En dos meses más iremos a votar, teniendo la posibilidad de decidir sobre qué país queremos, o al menos, el que no queremos.

Esa raya que cada uno marcará en la papeleta electoral definirá una posición sobre el entorno desde donde nos constituiremos en los próximos cuatro años.

Esa raya debería unir la propuesta sistémica de convivencia y desarrollo de alguno de los candidatos, con una propuesta de vida a la que aspiramos como electores.

Para tomar esa decisión con criterio debemos estar informados sobre los programas de gobierno de los distintos aspirantes a la presidencia, y el CNE los pone a nuestra disposición en su página web.

¿Cuánta gente los revisará y contrastará?, seguro hablaremos más de la estrella número 15, y diversos programas analizarán durante horas de horas, día tras día, con una investigación y profundidad notable, sobre las estrategias, bondades y falencias de los técnicos y jugadores de esta hazaña.

Paralelamente, nos caerán encima algunos eslóganes de las campañas políticas, habrá por ahí un debate, y frente a los escasos espacios de comunicación que tendrá cada candidato, en febrero se escogerá nuevamente con el estómago.

O tal vez estoy equivocado, y esta vez nos tomaremos más en serio esta decisión, ya vivimos lo que puede pasar cuando un gobierno impone de manera unilateral y arbitraria una visión de lo que debe ser la sociedad, ya probamos su poder.

Lo que es seguro es que esta columna no cambia nada, Borges ya lo dijo, un diario se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido, pero si usted llegó a esta página de opinión y leyó hasta aquí, probablemente es de los pocos que tendrá una decisión razonada sobre la elección que va a tomar. Pero eso no basta, ante la propaganda desigual y la manipulación mediática, su voto no es suficiente, y usted sí puede lograr un cambio.

No basta con los comentarios de pasillo y los argumentos de sobremesa, hay que promover la reflexión y discusión informada. Más allá de cuál sea su preferencia, debemos hacer notar la necesidad de hacernos cargo con responsabilidad de la decisión que tomaremos. Seguro se hablará de la estrella quince, pero no hay que perder la perspectiva, estamos frente a la elección que define el cambio en nuestras vidas o si vamos por más de lo mismo, como sugiere el programa de la propuesta oficialista. (O)

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