Caricatura

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Columnistas

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El poder y el no poder

El poder embruja, hipnotiza, embriaga. Es una potente droga que termina sometiendo voluntades, afectos, y reduce a sus víctimas al espectro de ellas mismas. Las achica a caricaturas groseras de lo que fueron o pudieron ser. En el altar en que sacrifican afectos y alegrías, la soledad más absoluta imprime en aquellos que creen poseerlo, rictus amargos, grotescos, gestos desencajados, gritos destemplados, miradas oblicuas y forjan acciones devastadoras como el paso de los huracanes que arrasan todo lo que encuentran y producen devastación y dolor.

¿Quieres probar mi poder?, dijo la exjueza que se encontraba deprimida por la droga que ella había creado para sí misma y la llevó a convertirse en la figura que no quiere ver como espejo de lo que es.

No, la verdad no quiero probar ese poder, tampoco quiero probar el poder del abuso del dinero que puede comprar todo desde vehículos, casas, vestimenta, honras ajenas, pero no puede comprar salud, ni felicidad ni la sencilla alegría de vivir rodeado de quienes se ama.

En medio de la vorágine de los escándalos producidos por funcionarios judiciales, de los desplazamientos masivos a la búsqueda de la compra ideal de algo que muchas veces no necesitamos, pero que nos tienta desde los descuentos inflados como pompas de jabón, el mes de diciembre hace su aparición en el calendario trayendo como imán las fechas de Navidad y fin de año.

Las luces aparecen en vitrinas y hogares y los niños disfrutan un ambiente de ensoñación que los villancicos vuelven más familiar, lleno de ternura y de afectos, mientras los adultos piensan en la reunión familiar en la que se busca agradar con platos especiales y encuentros alegres.

El nacimiento que el mundo cristiano celebra es la antítesis del poder que nos quieren hacer probar.

Es un Dios que nace dependiendo de los cuidados que sus padres puedan brindarle, de la ropa con que lo abriguen, del seno que lo alimente, de la limpieza que le brinden y del calor que lo cobije. Es un Dios sin poder. Sin casa. Es un Dios pobre, que nace en un pueblo perdido en medio de poderosos imperios guerreros.

Ese nacimiento ha influenciado y cambiado la vida de millones y millones de seres humanos a lo largo de veintiún siglos.

Sin embargo, la levadura que su vida ha mezclado en la masa de la humanidad aún no fermenta para convertir en un buen pan todo nuestro devenir en esta minúscula partícula del cosmos casi infinito en el que navegamos a través de millones de galaxias y espacios siderales. Somos polvo de estrellas en búsqueda casi ciega del sentido de nuestras vidas que se encandilan en la luz engañosa de poderes que convierten en cenizas a quienes creen poseerlo.

Porque la vida no es tener poder para estar sobre los demás, para mandar y obtener privilegios por medio del abuso y del miedo que se infunde.

La vida es misterio, es poesía, es danza, es silencio, es deslumbramiento, es don, es magia, es música, es alegría, es encanto, es cima y es sima, es no poder pudiendo.

Ese poder sí quisiera probar. (O)

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