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Lo de fondo

Dando cumplimiento a las nuevas reglas electorales, la campaña está más divertida que nunca. Los actores, cantantes, bailarines, presentadores, modelos y payasos son los nuevos rostros de la política ecuatoriana.

Obviamente que ya los habíamos visto en papeletas anteriores, pero la presencia se vuelve mayoritaria cuando las disposiciones obligan a los actores políticos a pasar por el filtro económico y contractual del Estado para poder hacer cualquier clase de difusión de sus ideas o programas.

¿Sabía usted que los partidos ni siquiera pueden contratar sus spots publicitarios, ni sus vallas ni sus anuncios y peor pagarlos? Esto porque todo anuncio, por cualquier medio que se haga, debe contratarlo y pagarlo el CNE.

Sumado a esto, el plazo para contarle al país lo que cada uno piensa es de 45 días, tiempo en el cual los candidatos deberán dar a conocer sus perfiles y propuestas. Unos, en la región que les corresponde y, otros, dando vuelta al Ecuador en un poco más de un mes. Para esto se necesita no solo dinero, sino salud y energía, porque es casi una maratón.

Por su parte, quienes necesitan la información para decidir, deben obtenerla lo antes posible, para que esos 45 días les alcancen para leer, analizar, discutir y finalmente votar a conciencia.

¿Será que realmente los señores que hacen las leyes en este país pensaron que se puede construir un debate de opiniones serias y profundas bajo estas condiciones y plazos? Obviamente, ni hablemos de mercadear a un preparadísimo pero desconocido candidato.

Con este escenario, es lógico que las organizaciones que aspiran a captar el voto popular deban recurrir a caras conocidas para lograr situarse en la memoria colectiva.

Siendo así el asunto, me cuesta entender la tendencia reinante a desacreditar a personajes que se han atrevido a prestar su buen nombre, para aparecer en una papeleta, sin haber ni siquiera conocido sus propuestas ni su hoja de vida.

Pongo como ejemplo a un conocido ciudadano que durante años se ha ganado el amor del público, ha trabajado de manera digna y honesta, ha aportado a la sociedad formando generaciones de niños felices y conoce la problemática local. Sin embargo, la seriedad de su candidatura, al igual que la de muchos otros “famosos” se pone en duda sin darles la oportunidad de escucharlos.

El hecho de que un ciudadano haya ejercido determinada profesión en el ámbito de lo privado, no significa que su preparación académica ni sus buenas intenciones sean deficientes. Obviamente, habrá que atender sus ideas y conocerlo mejor para poder calificar su potencial.

Si, por un lado, estas reglas no nos brindan garantías para obtener la información y el tiempo que se necesita para decidir de mejor manera; y, por otro, la sociedad se encarga de mutilar cualquier intento de los individuos por ser parte de la solución, no quiero anticipar que seguiremos condenados a una democracia de membrete.

Sin ser peyorativo, creo que los ecuatorianos ya hemos visto suficientes payasos de saco y corbata, a quienes los títulos universitarios no les han otorgado conocimiento ni dolor por el pueblo y sus necesidades.

Hago un llamado a meditar el voto atendiendo a todos los elementos de juicio y no solo a las apariencias, porque solo de campañas bonitas no vamos a comer la próxima década. Eso ya lo debimos haber entendido. (O)

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