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Columnistas

La lectura del orientador artículo de Nila Velázquez del 19 de noviembre pasado, publicado en su columna de opinión de EL UNIVERSO titulado ‘El derecho a la verdad’, anima a... Leer más

Se trata de un financiamiento forzado. A fines de septiembre la Junta Reguladora y Monetaria subió el encaje de los bancos grandes del 2% al 5%. Esto significa que los fondos... Leer más

Tengo la extraña sensación de que ya no sabemos dónde está el cielo, dónde el infierno. Dónde los puntos cardinales. Dónde la izquierda, dónde la derecha.

Quienes antes... Leer más

Nadie se salva de ellos. Están en la punta de los dedos que teclean, de la lengua que habla y salpican la tersa piel de los estilos más esmerados. La mayoría de las veces dicen... Leer más

No son míos, y son verdaderos y falsos a la vez, como todo recuerdo. Son los recuerdos de otros, que los tomaron de otros y así sucesivamente, hasta llegar a quienes aseguran... Leer más


¿Dónde están mis ayeres?

Ayer, antes de ayer, mañana, pasado mañana, le vida es una ráfaga, andamos entre torbellinos, vendavales, ventarrones y borrascas, no puede uno colarse entre las gotas de lluvia, la camisa se nos pega al cuerpo y si nuestro mundo interior anda entristecido, pensamos que hasta el cielo está llorando. Me cautivó aquella palabra: los ayeres, desde ayer remontando en el tiempo. Tres hijos brotaron de mí, añadí los de mi esposa, la cuenta subió a cinco, luego llegaron nueve nietos y un bisnieto. Siempre se nos hace que todo sucedió ayer. Me quedo pasmado al sumar varios centenares de seres amados, allegados, amigos que ya se marcharon hasta aquel incierto destino que puede para unos ser el fin, para otros el inicio de otra existencia. Lo que suelen llamar paraíso, purgatorio, infierno nunca me ha convencido por su total imprecisión, como un disparo al aire.

La memoria registra voces, rostros, miradas. En este momento apareció Facundo Cabral con su voz de trueno: “¡Tu mejor vino Bernard, pero siempre que sea rojo!”, mi padre falleciendo de cáncer a los sesenta años diciéndome: “Haz tú lo que yo no pude hacer”, mi madre de visita en Ecuador con ganas de quedarse conmigo al pie del río.

Los errores, los caminos equivocados, los olvidos imperdonables, los arrepentimientos inútiles, las faltas que no nos perdonaron, el rencor que de pronto nos envenenó el alma, el perdón que no quisimos ofrecer, los juramentos innecesarios, pero también los viajes extraordinarios, los momentos intensos, la llegada de los hijos y nietos, las puestas de sol, los claros de luna, un árbol frente al mar, todo es parte de los ayeres. Charles Aznavour, con 92 años a cuestas, sigue en los escenarios cantando Yesterday when I was young. Todos tenemos una selección de melodías o preguntas que no se despegan de los recuerdos. Es Luis Eduardo Aute afirmándome que la felicidad es un estado anímico, Miguel Bosé devolviéndome la misma pregunta, Nana Mouskouri en París: “la felicidad es un agradecimiento fugaz”, Juliette Gréco “le bonheur c´est décisif comme une balle de revolver”, Shakira en la década de los 90 mirándome a los ojos: “Mi felicidad sería llegar a ser lo que quiero ser”... y vaya que lo logró con creces. Y si les preguntase a ustedes, fieles lectores, cuál es su concepto de la felicidad ¿Qué me contestarían?

Cuando duele intensamente el cuerpo la felicidad viene a ser un paréntesis dentro del sufrimiento, Gilbert Bécaud se sentía “feliz y solitario como un lobo en el bosque”, Rostropovich mirando un volcán desde la ventana del hotel: “La felicidad nos llega al final de la melodía”: lo recuerdo acariciando las cuerdas del violonchelo sin emitir sonido alguno, al culminar un aria de Bach. Para Zubin Mehta, la felicidad consiste en buscar la perfección. Cada personaje entrevistado me ayudó a sedimentar mis convicciones. El Rey de la Cantera confesó que no había tenido tiempo para pensar en ello.

No sabría tampoco qué contestar. La felicidad, al fin y al cabo, es algo que casi siempre se conjuga al pasado y los seres más felices son aquellos que jamás se hicieron la pregunta. (O)

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