¿Dónde están mis ayeres?

Jueves, 17 de Noviembre, 2016 - 00h07
17 Nov 2016

Ayer, antes de ayer, mañana, pasado mañana, le vida es una ráfaga, andamos entre torbellinos, vendavales, ventarrones y borrascas, no puede uno colarse entre las gotas de lluvia, la camisa se nos pega al cuerpo y si nuestro mundo interior anda entristecido, pensamos que hasta el cielo está llorando. Me cautivó aquella palabra: los ayeres, desde ayer remontando en el tiempo. Tres hijos brotaron de mí, añadí los de mi esposa, la cuenta subió a cinco, luego llegaron nueve nietos y un bisnieto. Siempre se nos hace que todo sucedió ayer. Me quedo pasmado al sumar varios centenares de seres amados, allegados, amigos que ya se marcharon hasta aquel incierto destino que puede para unos ser el fin, para otros el inicio de otra existencia. Lo que suelen llamar paraíso, purgatorio, infierno nunca me ha convencido por su total imprecisión, como un disparo al aire.

La memoria registra voces, rostros, miradas. En este momento apareció Facundo Cabral con su voz de trueno: “¡Tu mejor vino Bernard, pero siempre que sea rojo!”, mi padre falleciendo de cáncer a los sesenta años diciéndome: “Haz tú lo que yo no pude hacer”, mi madre de visita en Ecuador con ganas de quedarse conmigo al pie del río.

Los errores, los caminos equivocados, los olvidos imperdonables, los arrepentimientos inútiles, las faltas que no nos perdonaron, el rencor que de pronto nos envenenó el alma, el perdón que no quisimos ofrecer, los juramentos innecesarios, pero también los viajes extraordinarios, los momentos intensos, la llegada de los hijos y nietos, las puestas de sol, los claros de luna, un árbol frente al mar, todo es parte de los ayeres. Charles Aznavour, con 92 años a cuestas, sigue en los escenarios cantando Yesterday when I was young. Todos tenemos una selección de melodías o preguntas que no se despegan de los recuerdos. Es Luis Eduardo Aute afirmándome que la felicidad es un estado anímico, Miguel Bosé devolviéndome la misma pregunta, Nana Mouskouri en París: “la felicidad es un agradecimiento fugaz”, Juliette Gréco “le bonheur c´est décisif comme une balle de revolver”, Shakira en la década de los 90 mirándome a los ojos: “Mi felicidad sería llegar a ser lo que quiero ser”... y vaya que lo logró con creces. Y si les preguntase a ustedes, fieles lectores, cuál es su concepto de la felicidad ¿Qué me contestarían?

Cuando duele intensamente el cuerpo la felicidad viene a ser un paréntesis dentro del sufrimiento, Gilbert Bécaud se sentía “feliz y solitario como un lobo en el bosque”, Rostropovich mirando un volcán desde la ventana del hotel: “La felicidad nos llega al final de la melodía”: lo recuerdo acariciando las cuerdas del violonchelo sin emitir sonido alguno, al culminar un aria de Bach. Para Zubin Mehta, la felicidad consiste en buscar la perfección. Cada personaje entrevistado me ayudó a sedimentar mis convicciones. El Rey de la Cantera confesó que no había tenido tiempo para pensar en ello.

No sabría tampoco qué contestar. La felicidad, al fin y al cabo, es algo que casi siempre se conjuga al pasado y los seres más felices son aquellos que jamás se hicieron la pregunta. (O)

¿Dónde están mis ayeres?
Ayer, antes de ayer, mañana, pasado mañana, le vida es una ráfaga, andamos entre torbellinos, vendavales, ventarrones y borrascas, no puede uno colarse entre las gotas de lluvia, la camisa se nos pega al cuerpo y si nuestro mundo interior anda entristecido, pensamos que hasta el cielo está llorando.
2016-11-17T00:07:05-05:00
El Universo

Te recomendamos