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El jubileo de las periferias

El mundo en el que vivimos tiene sorpresas acumuladas y novedades en ciernes. Mis décadas vividas testimonian consistencias, por un lado, y a su vez, un desfile largo de proyectos que nunca dejaron de ser tales. Amar ‘amando’ y ser ‘queriendo ser’ son sueños que nos mantienen despiertos. La intensidad del grito ‘vida, presente’, cada mañana, marca nuestras horas y nuestros días.

Quienes buscaban afanosamente la verdad, centurias atrás, antes de una discusión seleccionaban las palabras, motivo de controversia, para darles una descripción contextual uniforme, de suerte que al decir ‘milagro’ todos entendiesen por ese término lo mismo y al hablar de ‘corrupción’, por ejemplo, el significado fuese igual: términos unívocos, no equívocos. Lo contrario, el caos, un remedo grosero de la Torre de Babel.

Vale investigar el significado de jubileo porque está pegado a indulgencias, a misericordia, a perdón, a fechas especiales –dentro de la Iglesia católica– para obtener beneficios espirituales, en este caso, por el Año de la Misericordia. Las periferias son asentamientos humanos que están en las afueras de un centro y que al reagruparse conforman un todo. La periferia cristiana dice presente al jubileo en marcha.

El papa Francisco no necesita pasar a la historia, ya lo hizo. Tirios y troyanos lo reconocen. Mente brillante. Facilidad de palabra. Pensamiento eclesial diáfano, consistente y puesto al día. Cuando habla, llega al corazón de la gente porque es sencillo, claro. Sabe de vivencias y conserva recuerdos que alimentan urgencias. Cuando habla y cuando escribe es el mismo: elegante y correcto en el lenguaje, profundo en el mensaje, sencillo en las palabras, un hombre nacido décadas atrás, destinado a iluminar los albores de este milenio.

Luis Gerardo Cabrera Herrera, ofm, arzobispo de Guayaquil, preside mañana, en la iglesia catedral, una ceremonia novedosa y motivadora: la reunión de representantes de las organizaciones católicas dispersas en la ciudad para testimoniar fraternidad, solidaridad, fusión de fe y alegría mediante la participación en un ágape con alimentos recibidos de los participantes. Que el arzobispo esté en medio de ellos, seglares y eclesiásticos, es una forma de decir que la Iglesia nace en las bases, se fortalece en ellas y desde ese pórtico eleva su mensaje a la humanidad. La unidad de los creyentes, en torno a su fe, es parte de un esquema de vida que trasciende la cotidianidad.

El papa Francisco tiene el don de la ubicuidad universal. Mañana se recordarán sus palabras: “No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”. Las parroquias y santuarios “deben abrir puertas y ventanas” para acoger a todos con los “sentimientos de compasión de Jesús”, de modo preferencial a los más pobres y débiles. Ochocientos miembros de la Iglesia guayaquileña recibirán el “pan material” y el “pan espiritual”, procedentes de los cuatro puntos cardinales de la ciudad (alrededor de treinta parroquias), superando fronteras geográficas para conformar una gran comunidad eclesial.

La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios”, J. B. (O)

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