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Columnistas

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A pescado podrido

A eso, a pescado podrido es a lo que huelen las nuevas revelaciones que salen de los llamados Panama Papers, y que crecen más y más con el correr de los días. Tal es la pestilencia que se ha destapado que ni el triunfo del nuevo caudillo de la derecha estadounidense, con toda su significación histórica para el paradigma del mundo moderno y la neurosis colectiva que ha despertado, ha logrado distraer al Ecuador esta vez. Después de todo desde hace ya años a nuestro país –y creo que para bien– le es indiferente quién se sienta en la Casa Blanca.

Es que no solo es la gravedad de lo que está saliendo a la luz pública lo que ha impedido esa distracción. A ello se añade la forma como nuestro dictador pretende distanciarse del grotesco saqueo que ha ocurrido en Petroecuador. Si antes declaró que no conocía quién era el ex gerente general de la mencionada empresa estatal, ahora resulta que el ex presidente ejecutivo de Petroecuador le era igualmente desconocido. Él, que tiene tiempo para investigar los tuits de los periodistas que le desagradan; él, que tiene los recursos para leer los correos electrónicos privados de sus opositores para luego hacerlos públicos; él, que se jacta de ser el jefe de todos los poderes del Estado, ahora sale a decirnos que desconocía quiénes eran los principales directivos de Petroecuador, la empresa estatal más importante del país. Funcionarios estos que hoy, gracias a los Panama Papers y a las investigaciones periodísticas que se venían haciendo, están detenidos.

La marea del desagüe sigue, pues, subiendo de nivel. La pregunta no es hasta dónde va a subir esa marea de desperdicios, pues todo parece indicar que aún no se ha llegado a la cabeza, quién organizó esta telaraña de manos sucias. La pregunta es, más bien, cuál será la excusa que dará el dictador si esa marea llega aún más arriba, a los más altos niveles de su gobierno. Al paso que van las cosas, no nos asombremos de que nos diga que no conocía que existía Petroecuador, ni a los ministros del área energética.

Por todo ello, es comprensible la difícil situación que enfrenta el candidato presidencial del oficialismo –quien de paso debería explicarle al país qué hizo realmente y cuánto gastó durante su estadía en Ginebra–. Poco realmente gana el exvicepresidente postergando la inscripción de su candidatura un día más o un día menos. Las revelaciones del saqueo que hubo en Petroecuador no se van a detener por ello, ni porque su binomio sea otro de aquel que ya ha anunciado; como tampoco puede creer que esas revelaciones no se extiendan a otras áreas.

La ausencia de controles, la falta de independencia judicial, la renuncia que hizo la Asamblea a su función de fiscalización y la conversión de la Corte Constitucional en una mera alfombra del poder, entre otros, tenía que llevar al Ecuador a su descalabro ético y económico.

¿Qué hizo el candidato oficialista para detener todo ello? (O)

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