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Ecuador y Trump

Sorpresivamente para muchos, entre ellos quien escribe, la Presidencia de EE. UU. la ganó Donald Trump con un discurso antisistema y promesas de medidas radicales, como la muralla en la frontera mexicana, deportación de ilegales, repudio de acuerdos comerciales y facturarles a Japón y Europa por su paraguas nuclear, de lo contrario los deja desprotegidos frente a Rusia y China, respectivamente.

La pregunta es cómo afectaría Trump a los ecuatorianos. No hay respuesta definida.

En primer lugar, una cosa es con violín, otra con guitarra. En el discurso de proclamación de victoria agradeció a Hillary por sus servicios al país. Horas antes, en su cuartel general gritaban ¡enciérrenla!

En segundo lugar, hay iniciativas que serían favorables, otras desfavorables.

Ilegales: una actitud más dura contra los ilegales significaría más repatriaciones al Ecuador. Pero ya con Obama, las deportaciones aumentaron significativamente.

No a ilegales no implica que se cerrarán las puertas a los que quieran migrar legalmente, peor aún que se restrinjan las visas de turismo y estudios.

Restricciones comerciales. Si Trump, negociador por excelencia, anuncia restricciones a las importaciones de los países con acuerdos comerciales, para así recuperar empleos fabriles que se radicaron en el extranjero para exportar a EE. UU., afectaría fuertemente a México, también a los centroamericanos, en menor medida a Colombia y Perú. Ecuador se automarginó de tener acuerdos comerciales con EE. UU. y por ello no estaría afectado: les exportamos lo que no producen allá.

Lo que sí podría afectarnos es la amenaza de retaliación a los países que restringen el comercio más allá de lo permitido por los organismos internacionales. Sería prudente adelantar el desmantelamiento de la salvaguardia.

Trump no es un conservador tradicional. Favorece una política económica keynesiana: reactivar la economía con obra pública. Eso nos favorecería en cuanto una reactivación de EE. UU. significa más mercado para nuestros productos. Además, si eso resulta en que haya más inflación, y si nuestro gobierno mantiene baja la nuestra, es posible que el diferencial entre nuestros costos de producción (más altos) y los de nuestros competidores se reduzca, con lo que ganamos en competitividad.

Pero con gasto público deficitario la tasa de interés de EE. UU. subiría, encareciendo el crédito externo para el Ecuador.

Trump promete levantar restricciones ambientales y de otro género a la producción de petróleo de esquistos, tendido de oleoductos y producción de carbón, todo lo cual redundaría en mayor producción de energía en EE. UU. y por lo tanto perspectivas de precios más bajos para el petróleo, lo cual nos perjudica.

Con cuatro meses de diferencia, se posesionan nuevos gobiernos en Washington y Quito. Si en el Ecuador sube un Gobierno dispuesto a trabajar de la mano con la empresa privada, dejando atrás esta década de satanización del emprendimiento privado, se abre la oportunidad de trazar una estrategia conjunta para aprovechar las oportunidades que sin duda se abrirán, y neutralizar las amenazas que ciertamente surgirán.

Para Ecuador es imprescindible la inversión estadounidense y el acceso al mercado de EE. UU., para poder superar la profunda recesión en que nos encontramos. Eso, sumado al mercado europeo, que aunque sea tarde, se nos abre. (O)

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