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La pensadera

No sé qué también me pasaría en este feriado. Tal vez como fue tan largo y tuve tanto tiempo libre, ¡me agarró una pensadera! ¡Qué bestia!, cómo pensé mientras luchaba a destornillador partido con una lámpara que, una vez compuesta y con los alambres en su sitio, al enchufarla hizo un cortocircuito que casi me carboniza. Pero bueno, para eso son las vacaciones: para hacer esas tareas caseras que nos permiten reflexionar sobre algunos asuntos en que no reflexionamos cuando estamos desvacacionados.

¿Les sigo contando qué más hice en el feriado? Ya, pero no se pongan bravos. Nunca más les cuento nada porque ustedes se hacen los trascendentales y desprecian la vida cotidiana. Ya entendí que lo que quieren saber es sobre qué pensé durante estos cinco días enteros, con sus noches.

En lo primerito que pensé fue en el alivio que significa estar libres de deudas. No pues de las deudas mías, que a ustedes no les interesan, sino las del Estado. Eso solo pude entender mientras barría el patio. Para no tener deudas es necesario escribir un decreto en que se dice esto que debo ya no es deuda, pero debo. Y esto otro que debo, sí debo y sí es deuda. Y ya. ¡Qué facilito que ha sido! Y qué suerte que tuve vacaciones, porque de lo contrario no hubiera entendido cómo se barren las deudas. Es que barrer a uno le abre las entendederas, francamente. Y, cuando uno entiende, ¡le viene una tranquilidad! Con razón podemos seguir endeudándonos con China porque, habiendo aumentado la deuda al IESS y feriado toda la plata del Banco Central, tenemos mucho menos deuda. Ojalá la China nos siga prestando: así vamos a llegar a la opulencia a base de las deudas que, por decreto dictatorial, pasan del pretérito al futuro perfecto. O sea las deudas se conjugan como si fueran verbos, más o menos.

¿Entendieron? ¡Qué bueno! ¿Ya ven que sí es bien útil saber cuáles actividades sirven para pensar y cuáles no? Lavar también es bien útil para pensar. Por ejemplo, mientras lavaba la olla en que puse las guaguas de pan que se me dañaron porque no había sido de cocinarlas a baño maría sino de meterlas al horno, pensé y pensé sobre lo que más nos preocupa mientras no estamos en feriado: las elecciones. Y así también ya entendí todo, lo que antes no entendía nada.

Lo que pasa en esta campaña es que intervienen muchos movimientos y los movimientos, ¡qué inteligente que soy!, se mueven. A la derecha, a la izquierda, al centro, pero se mueven. Y con tanto movimiento, ¿adónde van?, me preguntarán ustedes. Y yo les contestaré que hacia donde esté el que más les ofrece: si una vicepresidencia, se mueven hacia allá; si un puesto en la Asamblea, se mueven hacia allá; si impunidad, se mueven hacia allá. Y entonces, como se mueven, los que eran antes amigos, ahora son enemigos; los que eran buenísimos, se vuelven malísimos; los que sumaban, restan; los que eran unidos, se vuelven desunidos; los que eran concertados, se vuelven desconcertados. Y así.

Y entonces, de tanto pensar en las alianzas contra natura, en tanto desmadre, en tanto camisetazo, en tanto cinismo, uno se queda cansadísimo esperando que se acabe el feriado para que ¡por fin!, termine también tanta pensadera. ¡Uf, qué alivio! (O)

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