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¿Enaltecer a nuestros difuntos?

Utilizo la palabra santos, en esta ocasión, para referirme a aquellos que, según la Iglesia católica, han merecido tal designación, más allá de sus defectos y pecados, por sus virtudes y buenas acciones en beneficio de los demás, particularmente de los pobres y necesitados.

Hoy que, según el calendario, se rememora y venera a todos los difuntos, sin distingo, considero oportuno invitar a usted a recordarlos, y de manera particular a aquellos ecuatorianos que han llegado a los altares, así como otras personas cuyas vidas están siendo estudiadas para acceder a ese reconocimiento; pero también a quienes de una u otra manera influyeron positivamente en nuestro modo de ser y bien actuar.

Inducir o ser inducidos al recuerdo de nuestros familiares, parientes, maestros y amigos, que nos han precedido en el arribo al final del camino de la vida, puede ser muy útil para identificar y agradecer, de manera particular, a cada uno de quienes, con su manera de ser, decir y actuar, nos inspiraron a ser personas de bien o nos sostuvieron en épocas de crisis para afrontarlas y superarlas.

Le recomiendo: ¡hágalo! Vaya, sin prisa, hoy es feriado, estamos de vacaciones y no le faltará tiempo, piense en ellos, uno por uno: bisabuelos, abuelos, padres, padrinos, hermanos, tíos, primos, maestros, amigos, instructores, compañeros, colegas y, por qué no, como en mi caso, un hijo.

¡Cuántas buenas personas, ahora fallecidas, nos ayudaron a modelar lo que somos!

Nuestro esfuerzo de vida fue guiado y modelado por sabios consejos, advertencias y sentencias que aún están en nuestra memoria y nos impelen a dirigir nuestros pasos por los senderos del bien, la verdad y la justicia.

Los ecuatorianos tenemos varias personas a quienes emular, proclamadas como santos por la Iglesia católica:

Mariana de Jesús Paredes y Flores, laica, cuyas virtudes, sacrificios y generosidad fueron reconocidos por sus contemporáneos.

Francisco Febres Cordero Muñoz, el Hermano Miguel, religioso de la comunidad de los Hermanos Cristianos de La Salle, insigne maestro, catequista, filólogo, autor de poemas religiosos, algunos que con música todavía cantamos durante las eucaristías a las que concurrimos.

Narcisa de Jesús Martillo Morán, laica, insigne catequista de gran generosidad y disposición para el servicio a los demás.

Si en los templos y capillas católicas se los enalteciera presentando imágenes de ellos, nos recordarían su existencia y, además, se podrían incrementar devotos, así como el ejercicio de las virtudes que ellos practicaron u otras y, particularmente, la entrega personal al servicio a los más necesitados, a través de las obras de misericordia, como ellos generosa y ejemplarmente realizaban.

Recordemos que continúa y oremos para que concluya positivamente el proceso de santificación de la beata Mercedes de Jesús Molina, religiosa, fundadora de la congregación de las Hermanas de Santa Mariana de Jesús, las Marianitas.

Así que, según pretendo, sugiero que la memoria de nuestros difuntos, que lo merezcan, sea exaltada y propuesta como ejemplo para las actuales y futuras generaciones.

¿Le parece bien? ¿Sería tan amable en darme su opinión? (O)

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