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Nunca digas nunca jamás

A medida que se acercan las elecciones, y mientras los que estaban arriba caen y los que estaban abajo suben, vemos cómo poco a poco, cual marcha madrileña, entran y salen políticos y movimientos de alianzas, unidades, acuerdos y toda clase de membretes, todos ellos, buscando el mejor acomodo posible de cara a febrero de 2017.

Y como, al parecer, lo único que importa a estas alturas es sumar votos, las contradicciones y dobles discursos están a la orden del día.

Quienes se preciaban de estar libres de “contaminación” de excorreístas y que cuestionaron duramente a quienes los acogían en su seno, hoy se han fundido en abrazos con los otrora criticados.

Y quienes fueron estigmatizados por el pecado de intentar formar un frente único de oposición de cara a las elecciones de 2017, hoy están libres con candidatos propios.

Parafraseando a Leopoldo Fernández, el irrepetible Tres Patines, “Cosa más grande la vida, chico”.

En tanto, un respetable y valiente político de oposición, recientemente proclamado candidato a la Vicepresidencia, con un enérgico discurso contra el Gobierno, que hasta hace unas pocas semanas hablaba de prohibir la salida del país del presidente Correa en mayo de 2017 y que en redes sociales exigía un proyecto de cambio sin correístas arrepentidos, qué rápido ha olvidado que fue precisamente él quien mocionó en el desaparecido Congreso Nacional, en marzo de 2007, la principalización de los tristemente célebres “diputados de los manteles”, con lo cual se consumó el golpe de Estado al Congreso Nacional y con ello, el paulatino control de todos los poderes del Estado en una sola mano.

No lo juzgo.

Él creyó, al igual que muchos otros excorreístas o procorreístas, como Alberto Acosta, Martha Roldós, Francisco Jiménez, Betty Amores, María Paula Romo, Ramiro González, Paúl Carrasco, y tantos otros que se me escapan, que el fin justificaba los medios. Que la Constitución, las leyes y el debido proceso estorbaban para hacer ese “gran cambio”. Que el vejamen a los magistrados del Tribunal Constitucional, a los miembros del TSE y a los 57 congresistas destituidos estaba justificado para construir esa “patria de todos”, que poco a poco vamos enterándonos entre quiénes fue repartida.

Arrepentidos dicen estar. Al menos así parece, pues han combatido de diferentes maneras al correísmo. Unos porque dizque es de ‘derecha’ y ‘extractivista’. Otros, porque fueron separados sin pan ni pedazo. Y otros, muy hábilmente, dieron paso a un costado cuando sintieron que con la caída del precio del petróleo se avizoraban días de decadencia y desgaste para la autodenominada revolución ciudadana.

Salvo Cynthia Viteri y su partido el PSC-MG, que durante los diez años de correísmo siempre se mantuvo en la oposición, y Lenin Moreno y Alianza PAIS, que obviamente han sido coherentes durante diez años que han reinado a placer sobre estos territorios, todos los demás candidatos y algunos de sus principales cuadros han transitado por las orillas del correísmo, algunos con más intensidad que otros.

Así es la política. Por eso, al igual que en la vida cotidiana, nunca digas nunca jamás, porque a la vuelta de la esquina toca tragarse las palabras y hacer lo que tanto se critica. (O)

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