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Columnistas

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Dictadura en Venezuela

Del audaz, cínico, desvergonzado desconocimiento del Estado de derecho se ha pasado a la brutal imposición del garrote. Un tribunal electoral, a las órdenes del Gobierno, suspende la continuación del proceso constitucional para revocar el mandato del presidente Maduro; una horda de garroteros del Gobierno asalta la Asamblea legislativa, que se ha reunido para declarar, como lo hizo, que se ha roto el Estado de derecho. Las tres cuartas partes de la ciudadanía están conscientes de que la ineptitud del presidente lleva a Venezuela al abismo; pero el círculo de los herederos de Chávez no está dispuesto a dar paso a la alternabilidad democrática. Es porque saben que un nuevo gobierno encontrará que el olor de los negocios del petróleo será tanto o más fétido que el que se descubrió en Brasil y que ya se lo percibe en Ecuador. Por eso han fracasado los intentos internacionales para encontrar una salida democrática; todo lo que busca el Gobierno es ganar tiempo para que el referendo revocatorio al menos no tenga lugar este año y continúe Maduro o su vicepresidente hasta la conclusión del periodo en 1919. El Gobierno se aferra al poder con desesperación: ordena que su Corte de Justicia declare ilegales los actos del Congreso, que le apruebe el presupuesto; hace condenar a los heroicos opositores a muchos años de cárcel; a los otros, que les prohíban salir del país.

Venezuela está al borde de una sangrienta guerra civil. El que los países de América, principalmente, conminen al Gobierno venezolano a dar paso, este año, al referendo revocatorio es la mejor manera de impedirla. Debe promoverse la reunión de la OEA y la aplicación de la Carta Democrática; felizmente, ha cambiado el equilibrio de fuerzas, porque varios gobiernos populistas se han derrumbado; los otros organismos regionales, creados por iniciativa de Chávez, como la Unasur y la Celac, han perdido significación. Los países del Mercosur le han dado a Venezuela plazo hasta diciembre para que cumpla con las normas democráticas del organismo. Entre los pocos países que todavía apoyan a Maduro se encuentra Ecuador; su gobierno puede aconsejarle que se someta al referendo revocatorio, como se sometió Chávez. Probablemente eso es pedir demasiado, porque nuestro gobierno ha casi calcado los procedimientos de Chávez: ha perseguido a la prensa independiente, se ha endeudado bárbaramente, ha asumido el control de todos los organismos del Estado, incluido el electoral; los jueces, los fiscales, los organismos de control le están sometidos. Está tomando todas las precauciones para protegerse: quiere dejar electo al futuro contralor, que es el juez de cuentas, para que no le tome cuentas. Ha escogido a los candidatos: a sucesor, al sucesor del sucesor y a asambleístas. El candidato, de ganar, no sería independiente, aunque quisiera. El líder, además, estableció que se considerará traidor a todo aquel que se aparte de su movimiento. También está vigente, de hecho, la inconstitucionalmente aprobada reelección indefinida, con la que pretende ser el sucesor de los sucesores. ¡Quedaría, así, abolido el decreto de Urbina de la manumisión de los esclavos! ¡Abramos los ojos, luchemos, no sigamos el camino de Venezuela! (O)

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