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Columnistas

La lectura del orientador artículo de Nila Velázquez del 19 de noviembre pasado, publicado en su columna de opinión de EL UNIVERSO titulado ‘El derecho a la verdad’, anima a... Leer más

Se trata de un financiamiento forzado. A fines de septiembre la Junta Reguladora y Monetaria subió el encaje de los bancos grandes del 2% al 5%. Esto significa que los fondos... Leer más

Tengo la extraña sensación de que ya no sabemos dónde está el cielo, dónde el infierno. Dónde los puntos cardinales. Dónde la izquierda, dónde la derecha.

Quienes antes... Leer más

Nadie se salva de ellos. Están en la punta de los dedos que teclean, de la lengua que habla y salpican la tersa piel de los estilos más esmerados. La mayoría de las veces dicen... Leer más

No son míos, y son verdaderos y falsos a la vez, como todo recuerdo. Son los recuerdos de otros, que los tomaron de otros y así sucesivamente, hasta llegar a quienes aseguran... Leer más


Corrientes de pensamiento

El modernismo fue una corriente del pensamiento que se desarrolló durante la Edad Media (siglos XVII y XVIII), inspirada y fundamentada en el pensamiento de Descartes (racionalismo). Se caracterizó por la racionalización de la existencia, tanto es así que llegó a hablarse de “la diosa razón”. Este pensamiento fue marcado por el surgimiento de grandes utopías sociales, políticas, culturales, científicas, tecnológicas, etcétera.

La posmodernidad surge cuando la humanidad comenzó a tener conciencia de que el paradigma del proyecto modernista ya no era valido; está basada en el desencanto. La posmodernidad es el tiempo del yo. Tras la pérdida de confianza en los proyectos de transformación social, solo cabe concentrar todas las fuerzas en la realización personal. El hombre de la posmodernidad empezó a valorar más el sentimiento que la razón. El individuo posmoderno obedece a lógicas múltiples y contradictorias entre sí; sometido a una avalancha de informaciones difíciles de organizar y estructurar, está en un incierto vaivén de ideas. El posmoderno no se aferra a nada, no tiene certezas absolutas y sus opiniones pueden modificarse de un instante a otro. Debido a la falta de confianza en la razón, hay una pérdida de interés por la realización colectiva y resalta un interés por la realización de uno mismo. Esto se observa en el retorno a lo religioso, de lo sobrenatural y de las ciencias ocultas (quiromancia, astrología, etcétera). Los posmodernos renuncian a discutir sus opiniones, “vive y deja vivir”; renuncian a buscar un sentido único y totalizante de la vida; la suya es un postura confortable, “alérgica” a las exigencias radicales.(O)

Francisco Javier Sánchez Espinoza, neurólogo, Guayaquil

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