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¿Se come carne el Jueves Santo?

Solo pescado me respondió Rosanic, la chama, la venezolana. Iniciamos una conversación vía chat sobre los planes para Semana Santa en su natal San Cristóbal en Venezuela, en donde desde antes del inicio de la Cuaresma se vive una pesadilla. En la denominada Ciudad de la Cordialidad empezaron las protestas que han desencadenado en un derramamiento de sangre absurdo, sin que hasta ahora haya una salida al laberinto.

Mi amiga trabaja para una empresa estatal pero no es chavista, todos los días debe cruzar por la calle Carabobo, ahora convertida en un campo de batalla, cercada con alambre de púas y “guarimbas” (barricadas). En esta larga avenida hay tiendas, farmacias, panaderías, ahora con las puertas cerradas. El ambiente comercial se transformó en gritos de pánico, en el ruido de la velocidad que imprimen los zapatos de los que huyen de los gases lacrimógenos y detonaciones de bombas molotov. Solo a determinada hora se puede pasar por ahí; a partir de las 6 de la tarde, con la luz del día, se va la tranquilidad. Este es el punto donde cierta oposición con rostro joven se resiste, se muestra rebelde, ataca y donde la Guardia Nacional los reprime con uso excesivo de la fuerza y los encarcela arbitrariamente.

Pude leer su tristeza, cuando me comentó que en su zona es común que se recuerde la última cena de Jesús con la preparación de 7 platos o “7 potajes”, en los supermercados venezolanos se vive un verdadero vía crucis con largas filas para ni siquiera conseguir la mitad de los ingredientes. También me aseguró que extrañará la procesión de la Pasión de Cristo, seguramente este año no se hará. Ella dice que ya muchos en su tierra están “clavados” como Jesús, que la economía los flagela y tal cual como en la época la crucifixión, los que piensan distinto, como Leopoldo López y dos alcaldes opositores, son juzgados por el Sanedrín caraqueño y sentenciados por el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, quien ha asumido el papel del procurador Pilato.

Rosanic es un nombre parido de la mezcla del de su abuela Rosa y el de su papá Nicolás, a los “venecos” les encanta esa fusión de nombres. Es una ingeniera brillante, nos hicimos amigas en EE.UU., donde estudiábamos inglés en la época en la que Chávez restringía el cambio monetario a dólares, para ella era un reto mantenerse.

Es devota de la Virgen de la Consolación, a la que ella y sus compatriotas le piden consuelo para el que pierde un ser querido en medio de la protesta y también le imploran que ejecute su poder celestial sobre el poder terrenal de Maduro y sus secuaces.

Dejar de consumir carne el Jueves Santo es un sacrificio de algunos que siguen la religión. En Venezuela, donde la mayoría profesa la fe católica, se están comiendo los unos a los otros. Creo que Dios mira sigiloso y con dolor de falta, no a los que comen carne, sino a los que teniendo poder, leyes, y fuerza nutren la violencia, hacen dieta de opinión y se abstienen de mediar.

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