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Columnistas

Bernard Fougéres

Hubo una época en que deseaba que todo ocurriera con rapidez, a los 15 me urgía ser mayor de edad, luego soñé con alcanzar los 30, tener una buena profesión. Asimismo, la vida... Leer más

Ricardo Tello Carrión

Hasta que la tragedia llegó al hogar. El terapeuta familiar recomendó una inaudita sanación: dejen de mirar noticiarios de televisión o leer los periódicos o escuchar los... Leer más

Ruth Del Salto

La D de destrucción, de demolición, da luz verde a las máquinas retroexcavadoras para que arrasen las casas donde habitan colombianos en Venezuela. El esfuerzo de años, hecho... Leer más

John Dunn Insua

Hagamos un recuento de las noticias ocurridas en las últimas semanas: nadie es ajeno a las quijotadas proselitistas, inspiradas por la singular cabellera de Donald Trump; en... Leer más

Margarita Borja

En este punto no importa ya cómo se dieron las cosas, quién sedujo a quién (o no), qué noche de furia amaneció con el concejal frente a la cámara confesándose como un niño... Leer más


Fama de La Megan

¡Qué envidia de “La Megan”, aún no cumple los 3 añitos y ya bate el récord de popularidad al salir en la tele cada cinco minutos! Y pensar que había unos irresponsables que no querían que naciera, pero felizmente triunfaron la revolución y la democracia, y “La Megan” vio la luz justo el día en que se evitó un magnicidio.

No han corrido la misma suerte las secuestradas niñas taromenanes, producto de la masacre de marzo en el Yasuní. Un curita llamado Miguel Ángel Cabodevilla quiso publicar sus fotografías con rostro pixelado en su libro Una tragedia ocultada y fue inmediatamente impedido por orden de una jueza y solicitado por el defensor del Pueblo. La requisa fue abucheada y adornada –no se sabe por qué– con gritos de ‘fascistas, fascistas’, como que aquí también habría aparecido o pudiese aparecer en los próximos días y con nombramiento un enano venenoso (Joseph Goebbels) como en los tiempos de Hitler. Según se escucha, el defensor ha reculado y dicho que se publique el libro, pero eliminando las fotografías, difícil pero no imposible. Pero ahora, ¿cómo elimina a “La Megan”, infinitamente más publicitada que las taromenanes? Parece que Cabodevilla, Milagros Aguirre y Massimo De Marchi –autores del libro– no recordaron que en estos tiempos está vedado hablar de ‘no contactados’ y peor decir que existen. Los futuros depredadores dijeron que no asoman, y punto. Los matados y secuestrados son una especie de duendes, y punto. Qué desigualdades tiene la vida: “La Megan” con 3 añitos y qué millonarios festejos, los ‘no contactados’ sin saber dónde esconderse y yo, con 100 añitos, ni una tarjeta y peor, una cuñita cada 5 minutos.

Carlos Mosquera Benalcázar, médico especialista en Cirugía Plástica, Quito

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