Wellington Suárez es un mimo que innova con su arte

Elizabeth Miranda
Jueves, 5 de Enero, 2017 - 00h07
5 Ene 2017

Un esmoquin adornado con lentejuelas, un sombrero y camisa de rayas combinan con el rojo de su boca y el blanco con negro que crean una máscara en su rostro con la que puede contar historias, expresar una idea y profundizar emociones sin recurrir a las palabras.

El amor que Wellington Suárez Espinoza, de 34 años, muestra en su trabajo como mimo, el cual realiza desde hace doce años, entusiasma a quienes lo ven.

Vive de su arte, que al igual que otros requiere de formación, esfuerzo, disciplina y perseverancia, pero con la diferencia de que suele ser ridiculizado por quienes ignoran el profesionalismo con el que prepara y se presenta en cada show.

Es conocido como Mimo Willy, se ha presentado en eventos en varias ciudades del país y su meta para el 2017 es comenzar a internacionalizarse.

Hace shows infantiles y para adultos como despedidas de solteras, divorcios, pedidas de mano y cumpleaños, en los “que no quieren el típico payaso vulgar”, comenta.

Emocionado dice que domina técnicas de clown y pantomima (representaciones teatrales con gestos) que presenta en iglesias; entrega de regalos, show de magia, hora loca, y aparte, aplica una técnica de robot.

A veces también hace de payaso, colocándose una nariz roja, implemento con el cual sí puede hablar al público, dice. Para los actos de magia va acompañado de Van Damme, una paloma que cuida y adiestra desde hace cuatro años.

Comenta que pensaba dedicarse a ser cantante y estudió cantó lírico en el Conservatorio Antonio Neumane, pero después con la intención de seguir preparándose fue a estudiar Tecnología artística y la licenciatura en Pedagogía con mención en Arte en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guayaquil, y fue ahí donde descubrió que tenía vocación para ser mimo y comenzó a perfeccionar maquillaje y los trajes que usa.

Recuerda que quien lo animó fue el mimo Fernando Landívar. “Él me dijo: ‘Yo te he quedado mirando y tú tienes movimientos especiales, tú te mueves como un mimo’”.

Entre sonrisas explica que la decisión de ser mimo fue en contra de sus padres. “Tuve negativa de ellos, me dijeron que no estudie esa carrera porque muchas personas creen o piensan que no es remunerable”.

Pero él dice que siempre le ha ido bien, que las ganancias dependen de la cantidad y del tipo de eventos en los que trabaje, que hay meses buenos y otros malos. En los mejores gana hasta unos $ 2.000 y cuando hay menos actividad entre $ 700 y $ 500.

Es muy expresivo y habla con pausas mientras conversa. Expresa con alegría que no tiene mánager ni paga publicidad y que solo publica sobre sus presentaciones en su cuenta de Facebook: Mimo Willy y en YouTube: Mimo Willy mágicamente divertido. A través de esas plataformas lo contactan para los eventos.

El joven, bajo de estatura y robusto, siempre está sonriente, aclara que no es porque es su trabajo, sino que es una cualidad suya, además que es pacífico y no se enoja fácilmente, incluso cuando la gente lo ridiculiza en la calle, riéndose de él. “No diferencian con un mimo. Yo solo los miro y hago como si no vi nada”, dice y ríe.

Su mirada cambia, divaga un poco, se entristece. Cuenta que no solo cree que a veces el trabajo es ridiculizado sino también sacrificado porque requiere disponibilidad de tiempo, incluso los fines de semana, que por lo general son los días para salir en pareja, y ha terminado con novias por eso.

Asegura que ante ninguna situación emocional o de otra índole el mimo debe dejar de cumplir su objetivo: hacer reír a su público. “En el show uno debe olvidarse de todo y concentrarse en lo que hace”.

Ha hecho reír no solo recibiendo pago sino también para causas de ayuda social.

Su vida es de constante disciplina. Hace ejercicios de relajación para los actos de ilusionismo y movimientos de elasticidad para las pantomimas. Y no solo su mente y cuerpo deben estar bien, su rostro debe cuidarlo de forma permanente con limpiezas y yendo al spa.

Aparte de su trabajo de mimo fue profesor de cultura estética de niños sordomudos en la Escuela de Audición y Lenguaje del Municipio de Guayaquil y da clases particulares de canto.

Desea seguir siendo mimo y además estudiar Derecho. (E)

Dicen de él
Talentoso, profesional, carismático, dedicado, dueño de una gran personalidad. Respetuoso, valiente, caritativo y respetuoso”.
Benardy Ponce,
Prima

Wellington Suárez es un mimo que innova con su arte
Viva
2017-01-05T00:07:07-05:00
Su objetivo es arrebatar sonrisas con su trabajo, el que renueva siempre con su creatividad. Vive de esta disciplina, que algunas veces es ignorada y ridiculizada.
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