Tres elefantes de Buenos Aires tendrán sus propios abogados

Después del inédito caso de la orangután Sandra, cuyos derechos como “sujeto no humano” fueron reconocidos por la justicia argentina, ahora tres elefantes hembra del zoo de Buenos Aires podrían correr la misma suerte representadas por una ONG que combate el maltrato animal.

Un primer dictamen de la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (Ufema) divulgado este miércoles reconoce el patrocinio de una ONG como representante legal de las elefantes del antiguo zoológico porteño, en pleno proceso de transformación en un ecoparque.

“Los animales tienen derechos y estos deben ser respetados por el hombre, y a su vez, la guarda de esos derechos deben ser también representados por el hombre”, que en este caso es una ONG, reza el dictamen de la Fiscalía.

Se trata de las elefantes Mara, de 52 años, Kuki, de 34 y Pupi, de 32, que han permanecido por casi dos décadas en el zoológico de Buenos Aires, recientemente cerrado para reconvertirlo en un ecoparque.

La Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada), la misma que defendió a la orangután Sandra, denunció al zoológico en junio pasado al considerar que estos paquidermos “evidencian una palpable situación de afección física y psicológica que atenta contra el bienestar del animal.”

Ello podría encuadrarse en el delito de “maltrato animal” previsto en la Ley de Protección Animal.

La Fiscalía hizo lugar a la presentación reconociendo el derecho de Afada a representar a los animales ante la justicia, primer paso para que la denuncia prospere.

Un antecedente del caso es el de Sandra, un orangután de 29 años que vivía en el zoo de Buenos Aires.

Un hábeas corpus de Afada logró un fallo inédito en el mundo en 2014 que le reconoció derechos básicos como “sujeto no humano” para ser trasladada a un santuario y vivir en semilibertad.

Luego la justicia también reconoció los derechos de Cecilia, una chimpancé de 19 años nacida en cautiverio en el zoológico de la provincia de Mendoza y cuyo estado de “tristeza y soledad” motivó la petición de defensores de animales de su traslado a un santuario de Brasil. (I)

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