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Francisco: Prácticamente me dijeron: vaya a morir en su casa

Testimonio.

Vidas salvadas por la donación de órganos

'Francisco', 27 años

Cuando se graduó del colegio empezó a sentir malestares como picazón en el cuerpo y el llamado “mal de orín”, como se conoce a las infecciones en las vías urinarias o a la cistitis. “Yo despertaba o amanecía con eso y no era normal. Me hice un examen y me salió totalmente alterado potasio, urea, creatinina, totalmente elevados, y me detectaron insuficiencia renal”.

Lo cuenta quien quiere ser identificado con un nombre que no sea el suyo. Entonces, por hoy es Francisco. Es oriundo de Guaranda, pero vive en El Empalme, donde es docente y lleva una vida como cualquier otra persona tras haberse sometido a un trasplante de riñón porque las diálisis que se realizaba tres veces a la semana ya no le fueron suficientes.

“Un médico en el Empalme me dijo ‘vaya muera a la casa’. Así, prácticamente, esos son los términos que utilizó y la segunda opinión me dijo que tenía que venir al Luis Vernaza o el Eugenio Espejo en Quito. Accedí al Luis Vernaza y empecé mi tratamiento”, cuenta.

Consistió, inicialmente, en una dieta muy estricta. No necesitaba, aún, de diálisis. “Hasta que llegó un punto de 12% de funcionalidad de mis riñones y me tocó”. Tenía 20 años.

“Yo al comienzo feliz de que me hicieran diálisis porque podía comer de nuevo de todo...”. Así estuvo tres años, pero su salud empeoró. “Me dio una neumonía muy grave y casi no me ven aquí…”, recuerda Francisco, quien al año de estar en la lista de espera recibió la noticia de que había un donador para él.

Dice que saliendo de una diálisis atendió la llamada. “Me dijeron que a las 5 de la mañana tenía que estar acá. Un amigo me vino a dejar de El Empalme. Llegué a las 04:30 y a las 06:00 me dieron la noticia de que sí me iban a hacer el trasplante el mismo día”. Aquel 5 de noviembre de 2013 es una de las fechas que más recuerda. (I)

Lo tomé como algo que suele pasar, qué vamos a hacerle. Hay personas (que están) peor, no es un consuelo, pero qué voy a hacer”.

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